Maldivas se radicaliza peligrosamente

Desde que el New York Times decidió sacar un artículo comentando la peligrosa radicalización islamista de la población de las Islas Maldivas, el topic ha estado circulando a velocidad de vértigo por todos los foros relacionados con los viajes y el turismo. De hecho, hablamos de un conjunto de islas que recibieron el año pasado a más de un millón de visitantes, y que es uno de los destinos preferidos en nuestro país para pasar la luna de miel.

De todas formas, esto no es ninguna novedad, aunque ahora informe el diario neoyorquino que existen indicios importantes de un peligroso giro radical en la población, de consecuencias impredecibles para el turismo.

Ya en el año 2015 la diputada francesa Michéle Rivasi propuso una resolución para evitar que las agencias de viajes vendieran sus productos en Maldivas, y sacaran de sus catálogos todos los resorts ubicados en las islas.

El motivo que justificaba esta campaña fue la desaparación del periodista Ahmed Rilwan en el año 2014. Este conocido informador se hacía eco desde hace varios años de determinados comportamientos en la población que avisaban de un mayor recrudecimiento en sus creencias religiosas y actitudes hacia el turismo extranjero. A Rilwan, hoy en día, la comunidad internacional lo ha dado por muerto y acusan al gobierno de Maldivas de no haber puesto demasiado interés en la investigación de lo ocurrido.

Esta tampoco fue la primera vez que una iniciativa de estas características se intentaba llevar a cabo. En el año 2013 la agencia Zenit informaba del castigo a una menor de 15 años que fue sentenciada a recibir 100 latigazos en público, después de sufrir durante toda su vida las continuas violaciones por parte de su padrastro, que incluso llegó a asesinar al bebé que había dado a luz la joven, fruto de la incestuosa relación.

Después de aplicar la ley islámica conocida como Sharia, el padastro fue absuelto de todos los cargos, y la joven víctima acusada de haber mantenido relaciones antes del matrimonio. Esto provocó una reacción a nivel internacional que clamaba por el boicot turístico a las islas, como único medio de hacer presión en una nación que vive de los ingresos turísticos que recibe cada año, casi en exclusiva.

De nuevo, en Abril de este mismo año, era asesinado a cuchilladas por un grupo de fanáticos el blogger Yameen Rasheed. Este había cogido el testigo del desaparecido Rilwan y comentaba en las redes los comportamientos extremistas que estaba observando entre la población. Esta conducta violenta por parte de ciertos grupos de la población maldiva no es ningún buen presagio de lo que se puede estar "cocinando" en el interior del país.

Hace diez años que no se produce un ataque físico contra turistas en las islas. La última ocasión que se vivió algo parecido fue cuando se dejó una bomba en el centro de Malé, capital de la república, que hirió a una docena de extranjeros al ser explosionada.

Sin embargo, han ido aumentando los robos en muchos de los resorts ubicados por todas las islas comprendidas en territorio maldivo. Mohamed, un antiguo policía que ha hablado con el New York Times, afirma que estos ataques son cometidos normalmente por el propio personal de los establecimientos, los cuales conocen por dónde se debe acceder a las islas para no ser detectados. Posteriormente atan a los vigilantes y se dirigen directamente a lugares concretos donde saben que pueden obtener un suculento botín.

Mohamed señala que estos resorts son muy vulnerables, ya que están diseñados expresamente para mantenerse alejados de las zonas más concurridas, y no se permite a sus vigilantes la utlización de armas de fuego para las labores de vigilancia.

El gobierno de los EEUU alertaba el año pasado de la presencia de un numeroso grupo de guerrilleros maldivos, voluntarios en Siria e Iraq y luchando en el bando del terrorismo islámico. En un país con algo menos de 300.000 habitantes, la presencia de más de 200 soldados maldivos en las filas del estado islámico es realmente sorprendente.

Este aviso público del gobierno estadounidense hizo reaccionar rápidamente al Presidente Yameen, el cual en Junio del año pasado hacía público por primera vez en la historia de la república de Maldivas, un pacto de gobierno que comprendía una serie de medidas para luchar contra la radicalización islamista en las islas.

En el comunicado presidencial (puedes leerlo aquí), el propio presidente tenía que reconocer de manera textual que "la difícil verdad hoy es que hay gente, aunque en pequeño número, en las Maldivas que están motivados y educados en una ideología violenta extremista y de terrorismo. Además, están aquellos en Maldivas que convencen y facilitan a los maldivos el viajar al extranjero para participar en conflictos exteriores".

Después de más de 30 años bajo un régimen islamista muy moderado, a partir del año 2008 y con motivo de una creciente democratización relativa del país, se abría la puerta a movimientos más radicales. Esto dió lugar a una implementación cada vez mayor del Salafismo, una vertiente fundamentalista del Islam que sirve como caldo de cultivo para el yihadismo.

En Enero de este mismo año, el ministro del Islam de Maldivas proponía entregar una serie de normas por escrito a todos los visitantes, explicándoles la manera de comportarse en un país islámico. El Islam es la religión obligatoria de las islas y no se permite ninguna otra. Los extranjeros pueden practicar sus religiones, pero dentro de un ámbito privado y mientras no mantengan contacto en este sentido con miembros de la población. Los pocos maldivos que se atreven a practicar otras confesiones, como el cristianismo, lo hacen desde el más absoluto secreto y privacidad, ya que en caso de ser descubiertos podrían sufrir consecuencias muy graves.

La mayor preocupación de las administraciones internacionales está en el posible regreso a las islas de alguno de los combatientes desplazados en Siria o Iraq. Este hecho podría funcionar como un detonante definitivo que avivase la llama en contra del turismo extranjero.

De hecho, ya se intentó que todos los hoteles y resorts ubicados en las islas cerrasen sus centros de estética y masajes, considerados como prostíbulos por los más radicales. Muchas cadenas internacionales protestaron por esta norma que veían totalmente injustificada, incluso dentro de un país profundamente islamista.

Lo que está claro es que un solo ataque, del estilo a los sufridos en Bali o Túnez, podría acabar directamente con la única industria que da dinero en Maldivas. Este hecho es esgrimido por muchos como una supuesta defensa ante la amenaza que se puede estar levantando. Otros abogan por seguir manteniendo al turismo alejado de la población civil, como se ha hecho hasta ahora, como el método más fácil y efectivo para evitar conflictos.

El General Mansoor, máximo responsable del ejército, afirma que todos los resorts son entrenados para repeler cualquier tipo de ataque, y que esta condicisión es imprescindible para obtener la licencia que permite operar dentro del territorio maldivo. Este General ha comentado al New York Times que, de momento, no ve razón alguna para tomar medidas mayores a las que ya están implementadas, y mucho menos para facilitar armas a los servicios de vigilancia de los resorts.

Sus palabras chocan frontalmente con las declaraciones del ex policía Mohamed, que habla bajo un nombre ficticio por miedo a represalias. Mohamed insiste en que ha llegado el momento de tomar medidas para evitar atentados, y recalca la facilidad con la que se puede acceder a cualquier complejo turístico.

Nos encontramos ante una difícil disyuntiva una vez más, ya que precisamente las intenciones de los más radicales son conseguir sembrar el miedo y evitar la presencia de extranjeros, como método de presión hacia su propio gobierno.

Según diversos estudios realizados en los últimos años por agencias independientes, la seguridad es el factor clave que busca el turista cuando se desplaza al extranjero. Sin embargo, los ataques terroristas no son la causa más importante que puede restar visitantes a un lugar determinado, de hecho, es la menos determinante.

Una vez se estudió la reacción y demanda turística a diversos factores y hechos ocurridos a lo largo y ancho del planeta, se determinó que tras un ataque terrorista la media de tiempo en la que la población afectada dejaba de ser atrayente para el visitante extranjero era de tan solo 13 meses.

Los hechos que más afectan a la demanda, según dichos estudios, son:

  • Epidemias causadas por enfermedades graves  21 meses.
  • Desastres medioambientales 24 meses.
  • Conflictos políticos graves 27 meses.

De todas formas, el visitante extranjero reconoce los esfuerzos que se hacen para evitar cualquier tipo de agresión terrorista, y penaliza especialmente a aquellos gobiernos que se muestran poco colaboradores o menos activos en su lucha contra los extremistas.

Por esta razón, y a pesar de los atentados sufridos, ciudades como París o Londres apenas han experimentado una bajada significativa en el flujo de turistas. Sin embargo, países como Túnez, Turquía o Paquistán, entre otros, sí han sufrido un grandísimo recorte de visitas foráneas.

Veremos cómo evoluciona la situación política, religiosa y social en las Islas Maldivas, y esperamos que no afecte de ninguna manera a todos los visitantes que disfrutan de una de las zonas más bellas del planeta.

 

 

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