NORWEGIAN Y LA MENTIRA DEL LOWCOST

Bjorn Kjos, el máximo responsable de la compañía aérea Norwegian, fue anteriormente piloto militar y tiene fama en el sector de comportarse empresarialmente como un auténtico kamikaze. De momento y a día de hoy, su modelo de viajes de largo radio a precios reducidos, no ha podido demostrarse rentable de una manera empírica y su aerolínea sigue acumulando pérdidas.

Hace muy pocos días saltaba la noticia del año, cuando el grupo IAG, padres de British Airways, Iberia, Vueling y Aer Lingus, anunciaba la compra de un 4,61% del capital de la compañía noruega, con la intención final de hacer una oferta por el valor total de la misma.

Kjos se tomaba este hecho casi como una anécdota, declarando que la apuesta de IAG era la mayor muestra de que la compañía aérea que dirige era viable, en todos los sentidos de la palabra.

Sin embargo, IAG no quiere a Norwegian para explotarla con su modelo actual. Al contrario, necesita hacerse con ella para eliminar la competencia en los vuelos lowcost transoceánicos, que está consiguiendo que ambos grupos empresariales pierdan dinero a raudales.

Y es que por mucho que algunos se esfuercen en vender la idea contraria, lo cierto es que este tipo de negocio no es viable económicamente.

De hecho, y con el devenir de apenas unos pocos días, Kjos ha ido cambiando poco a poco de actitud. Desde mostrarse prácticamente indiferente ante la compra de acciones de IAG, hasta declarar públicamente que "en esta vida, todo tiene un precio".

¿Y a qué se debe este cambio tan sustancial de actitud?. Pues es muy sencillo: Kjos ha hecho una apuesta muy arriesgada, que de no salir como él ha previsto, podría significar la ruina para Norwegian.

Y no nos referimos precisamente a la deuda que arrastra Norwegian tras uno de los pedidos de aviones más brutales que se recuerda en la historia de la aviación civil, sino a un problema añadido, si cabe, de mayor importancia: el combustible que estos necesitan para volar.

Todas las compañías aéreas hacen a comienzos de año las previsiones de fuel que van a necesitar para poder operar. Para no depender de las fluctuaciones en el precio del crudo, la gran mayoría aseguran un porcentaje de ese total que van a tener que comprar.

Algunas, ya cada vez menos, gustan de asegurarse el precio del combustible para todo el año, lo que supone también un importante riesgo, ya que de bajar este se encontrarían pagando más de lo que tendrían que hacer si lo comprasen al precio de mercado.

Por esta razón, lo que hacen en la actualidad la gran mayoría, es asegurarse el precio de un porcentaje de este total de combustible que van a necesitar para operar durante todo el año, dejando el porcentaje restante pendiente y a la espera de que los importes no varíen demasiado.

Sin embargo, se ha llegado en estos momentos a la gran paradoja de que a muchas aerolíneas "tradicionales", esto es, no de bajo coste, casi les interesa más que el precio del combustible aumente, ya que de esta manera las compañías que sí son lowcost no pueden tirar los importes de sus tarifas con tanta facilidad, y la competencia en este aspecto se reduce notablemente.

El máximo mandatario de Norwegian, visto el último repunte sufrido en los precios del crudo, decidió jugársela y apenas aseguró el 30% del total que gastará este año, por lo que la impresionante cifra del 70% restante dependerá exclusivamente de que se mantengan los precios, o bajen.

Según los cálculos realizados por Kjos, por cada 1% que baje el precio el combustible, Norwegian ahorrará 12,6 millones de dólares, asumiendo un precio por tonelada de 644 dólares.

Pero, ¿entonces qué pasaría si el precio del combustible, en vez de bajar, acaba subiendo?. Pues el cálculo lo han hecho los analistas del HSBC, los cuales han pronosticado un incremento del gasto de Norwegian para este concepto.

En el caso de que los precios por tonelada alcanzasen los 830 dólares, la aerolínea noruega perdería la cantidad de 291 millones de dólares. Si ponemos esto en perspectiva, podemos ver que la cantidad que la compañía recaudaba hace tan solo dos meses con una ampliación de capital, 168 millones de dólares, apenas quedaría como meramente testimonial.

Por esta razón, y a pesar del espíritu kamikaze de Kjos que comentábamos al principio, en estos momentos la posible compra por parte de IAG ya no le parece tan descabellada. De hecho, ha formado un pequeño consejo de especialistas para que lo asesoren de cara a las cruciales decisiones que va a tener que tomar próximamente.

Por su lado, hoy mismo se ha sabido que IAG ya ha lanzado dos propuestas de compra a Norwegian, que han sido rechazadas por Kjos al considerar que no se corresponden con el valor real de la aerolínea.

Todos los movimientos que estamos viendo estos días apuntan a una idea fija y estudiada por parte de IAG, avalada por su máximo accionista, la compañía aérea Qatar que ya ha dado su visto bueno a la operación, y por otro lado un cambio de actitud repentino del máximo responsable de Norwegian, que ha pasado de no querer saber nada de posibles ventas, a reconocer que podría estar interesado.

Y es que, como decimos al comienzo de este post, esta guerra de tarifas en vuelos de largo recorrido está acabando con la paciencia de algunos.

Las aerolíneas ya no pueden bajar más sus precios, los aviones tienen que beber y los empleados tienen que comer. Ya han desparecido las tarifas de touroperador que antaño se entregaban a los mayoristas, cada vuelo va ajustado hasta el céntimo, y si no es rentable es mejor que acabe en tierra o se cambie de avión para operarlo.

En el último certamen de Interiores de Cabinas de Aviones, celebrado hace un mes en Alemania, el mayor éxito se lo llevaron las empresas que diseñan los cada vez más menguantes asientos en los que nos sentamos, junto con aquellas que venden servicios que pueden ser ofertados a los pasajeros, como la tan deseada WiFi.

Las compañías necesitan llenar los aviones, y aquellas que vuelan con un porcentaje de ocupación inferior al 80% tienen los días contados.

También se necesitan motores más eficientes y que gasten menos combustible. Los cuatrimotores se están extinguiendo como los dinosaurios, demasiado caros para mantener.

Nadie se ha parado a pensar que en todos estos años de evolución aeronáutica, se sigue tardando exactamente lo mismo en volar desde Londres a Nueva York que hace 10 años, ó 20 años, ó 30 años.

La velocidad o la comodidad para el pasajero no es esencial, prima sobre todo el ahorro económico.

Tal y como pronosticó el CEO de WOW Air, si esto sigue así en breve veremos el día en el que los billetes de avión sólo tendrán un precio testimonial, y la aerolínea tendrá que basar sus beneficios en el número de servicios a mayores que pueda vender a sus clientes.

O eso, o que IAG logre finalmente hacerse con Norwegian y las tarifas se vayan recuperando poco a poco, con el consiguiente desencanto de todos aquellos que de verdad se creyeron que era posible cruzar el charco por 100 euros.

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