Esta es la única palabra que en este momento puede reflejar nuestro estado de ánimo ante los últimos acontecimientos ocurridos en el sector aéreo europeo, que han culminado con otro cierre repentino de una aerolínea dejando, una vez más, a miles de pasajeros abandonados a su suerte.

Ya no sabemos qué hacer ni qué decir para que aquellos a los que pagamos, muy generosamente, para que arreglen los problemas que tenemos los ciudadanos a la hora de montar en un avión, dejen de una vez de poner por delante los intereses comerciales y económicos de las compañías aéreas.

Es bochornoso, infumable, inaceptable y aberrante que el siglo XXI se sigan permitiendo comportamientos y prebendas propias de otros siglos, de manera exclusiva, a las empresas que operan en el sector aéreo comercial, mientras que al resto se las quiere agarrar con una correa lo más corta posible.

Una industria que este año cerrará con unos beneficios de más de 34.000 millones de Euros no puede seguir abusando de sus clientes de la manera en la que lo está haciendo, y es hora de que se tomen medidas de máxima urgencia para evitar los problemas cíclicos que se repiten cada año, como en un loop infinito.

Nuestro dinero público

Muchas compañías aéreas que incumplen de manera constante las leyes de los países en los que operan, son premiadas con jugosas subvenciones por los gobiernos locales de las ciudades desde las que deciden volar.

El mismo ciudadano que es abandonado en un aeropuerto, con un vuelo cancelado en el último minuto, está pagando con sus impuestos los regalos que muchas administraciones hacen a las aerolíneas más poderosas, y también más conflictivas.

Después de no cumplir con los horarios, de no llegar nunca a tiempo, de cancelar vuelos con excusas de primero de básica, de permitirse el lujo de no atender reclamaciones, después de todo esto y a fin de año siempre llega el aguinaldo en forma de ingreso millonario.

Hay muchas otras empresas que tienen que cerrar porque no pueden asumir el pago del recibo de la luz, o la seguridad social de sus trabajadores. Para estas no queda dinero porque es preferible pagar el chantaje de la aerolínea de turno, aunque mañana desaparezca y se vaya a probar suerte al ayuntamiento vecino.

Overbooking

¿Cómo es posible que hoy en día se siga permitiendo esta práctica?.

Si un cine o un teatro tiene 200 butacas y desea vender más entradas, lo que tiene que hacer es ampliar el negocio. Si una compañía de autobuses dispone de 50 plazas por trayecto y quiere vender 60 billetes, tiene que adquirir vehículos de mayor capacidad. Si un restaurante tiene 20 mesas pero quiere dar más cenas, o monta otro local o aprende a redistribuir sus reservas.

Ahora, las compañías aéreas pueden vender más billetes que las plazas que tienen sus aviones. Es una práctica totalmente legal y que está debidamente regulada, no hay nada que se lo impida hacer, más bien al contrario.

Cuando el vuelo se llene, los empleados de turno, actuando al más puro estilo de “La lista de Schindler”, decidirán quiénes podrán volar y quiénes tendrán que esperar a mejor ocasión. Después de comprar el billete y pagarlo religiosamente, hay que rogar y pedir por favor que te metan en el avión, no vaya a ser que seas uno de los “elegidos”.

Si no tienes suerte, te arrastrarán por el pasillo después de darte una paliza, o dejarán a tus tres hijos menores de edad solos y alojados en un hotel de un país que desconocen totalmente.

Gato por liebre

Tampoco pasa nada si la compañía aéra decide ponerse a vender billetes como una loca y luego no puede cumplir con sus compromisos. Subcontrata a otra empresa de nivel muy inferior y mete a sus pasajeros en los aviones de esta. Cobra lo mismo que si operase ella el vuelo, pero paga menos de la mitad a la que realmente hace el servicio.

¿Se permitiría que un hotel de 4 estrellas con 300 habitaciones cobrase 600 reservas y posteriormente recolocase a la mitad de sus clientes en otro establecimiento de 2 estrellas?. No, no se permitiría. Se consideraría una estafa, un engaño, una manera cutre de hacer dinero a base de una venta incontrolada y mal planificada.

Por supuesto, si se trata de una compañía aérea, la cosa cambia. Sólo tiene que aludir a problemas técnicos, meteorólogicos o de planificación, y ya puede hacer prácticamente lo que le salga del ala.

La Unión Europea

Algunos todavía pensábamos que la Unión Europea era un organismo que se dedicaba a velar por los intereses de los ciudadanos cuyos países la forman, pero parece que esto no es realmente así.

¿Como es posible que una aerolínea de un país como Noruega, que nunca ha pertenecido a la Unión, se siga beneficiando de un trato preferente sobre las compañías aéreas de los estados que sí son miembros?.

Pues básicamente porque al pertenecer a la Asociación Europea de Libre Comercio se puede beneficiar de todos los incentivos para moverse sin mayor problema por el territorio europeo, aprovechándose de las ventajas y sin tener que asumir los inconvenientes.

Por otro lado, aerolíneas que se niegan, hasta hoy mismo, a cumplir con el primer precepto básico de cualquier trabajador, que es el poder tener un representante legal en forma de sindicato, que interpretan y aplican las leyes según lo que les vaya en ellas, cuentan con el favor de todos los organismos europeos, los cuales cuando saltan los problemas intentan mirar hacia otro lado.

La Unión Europea “vela” porque se respete la competencia, y prohibe la adquisición de unas compañías aéras por otras, para que las que compran no dispongan de un puesto privilegiado en el mercado.

Con esto, consiguen la pérdida de empleo de miles de trabajadores, y lo que es todavía más irónico, permiten la cancelación de miles de vuelos y se gastan millones de euros de dinero público en repatriar a sus ciudadanos, eso sí, única y exclusivamente a sus ciudadanos.

Tanto Reino Unido como Alemania han tenido que gastar una importante cantidad de dinero público en traer a casa a los pasajeros de las difuntas Monarch y AirBerlin. Todos los ingleses y alemanes que tendrían que tomar los vuelos de vuelta a sus países han sido repatriados sin coste alguno.

¿Y qué pasa con los pasajeros de otros países que se encontraban en ese momento en el Reino Unido y Alemania y tenían que volver a sus casas?, ¿esos no tienen derechos, no somos todos ciudadanos europeos?, ¿por qué unos sí y otros no?.

Y ya haciéndose preguntas retóricas, estaría muy bien que alguien, algún día, en algún momento, en algún lugar, explicase cómo es posible que se deje a las compañías aéreas llegar hasta el últimísimo momento, con el agua al cuello y sin un euro, y cerrar la empresa de un día para otro.

Estaría genial que, dado que se trata de un servicio público, se explicase por qué no se controla para evitar llegar a ese estado y, sobre todo, por qué se permiten las declaraciones de insolvencia, dejar a miles de afectados en la estacada, y al mes vender la misma empresa a otra compañía aérea que acaba ganando un montón de dinero, y no tiene ninguna obligación de indemnizar a nadie.

Conclusión

El año que viene se van a repetir todos estos hechos. Quedan muchas aerolíneas que lo están pasando mal y, visto lo visto, aprovecharán para seguir vendiendo billetes hasta el último minuto para luego declararse insolventes.

Pasajeros de AirMadrid, SpanAir, Futura, AirBerlin, Monarch, Niki, y cientos más que han seguido la misma suerte, ya saben lo que se siente.

Es necesario tomar cartas en este asunto, aunque estemos hablando de un negocio tan bollante como el turismo, porque al fin y al cabo se está utilizando el dinero de todos para mantenerlo a flote.

Cuando no son los pilotos, son los controladores aéreos, cuando no son estos son los TCP, o también los servicios de tierra, o las empresas de seguridad de los aeropuertos, siempre hay algún eslabón que acaba rompiendo la cadena.

¿Es tan difícil regular estos servicios para evitar que el mismo problema se repita una y otra vez?

Cuando caiga la próximo aerolínea, en breve, volveremos a retomar todo esto.

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