9 semanas y media solo y encerrado en un hotel de Barcelona

Daniel Ordóñez, de 37 años de edad, lleva más de dos meses encerrado en uno de los hoteles más lujosos de Barcelona, trabajando para que sus instalaciones no se deterioren hasta que pueda volver a abrir al público.

Desde que se decretó el estado de alarma y el confinamiento obligado de la población, Daniel ha permanecido alojado en una habitación de la planta 24 del hotel W Barcelona, al mando de todos los trabajos de mantenimiento que en una situación normal desempeñarían un total de 20 empleados.

En una entrevista concedida al diario estadounidense The New York Times, Daniel declaraba que “en un principio pensé que esta situación duraría unas 2 semanas. Ahora llevo más de 8 y todavía no tengo claro cuándo se volverá a la normalidad”.

Entre los muchos trabajos que tiene que cubrir, uno de los más agotadores es abrir los 1.400 grifos de agua que tiene el hotel, y dejar que esta corra durante al menos 5 minutos.

Gracias a esto se evita que pueda prosperar la bacteria de la Legionella, por lo que es necesario repetir la tarea cada 5 días, lo cual requiere un esfuerzo que dura desde el amanecer hasta el anochecer.

Daniel tiene que recorrer, una por una, las 476 habitaciones del edificio, distribuidas en 27 plantas, para asegurarse de que no existen fugas de agua o cualquier otro tipo de avería que pueda dañar las infraestructuras y el mobiliario del lujoso hotel.

Este trabajo no esta recomendado para los corazones más débiles y asustadizos, y recuerda enormemente a la trama de una de las películas de terror más aclamadas de la historia del cine: El Resplandor.

Al contrario de lo que le sucedía al protagonista del film dirigido por Stanley Kubrick, Daniel no tiene a nadie con quien discutir, aunque reconoce que en una ocasión tuvo que pedir la ayuda de un guarda de seguridad que durante el día acude al sótano del edificio.

Según relata Daniel, en aquel momento tenía que instalar una escalera para hacer reparaciones en el techo, y consideró que sería más seguro que estuviese alguien cerca de él hasta que finalizase las mismas.

Después de más de 60 días desayunando, comiendo y cenando solo, reconoce que uno de los momentos más tristes es cuando ve sus calcetines dar vueltas en las gigantescas lavadoras que utiliza el hotel, ahora totalmente vacías debido a la ausencia de clientes.

Pero por otro lado, Daniel también disfruta de unas vistas privilegiadas desde su habitación, dado que el hotel se encuentra ubicado en primera línea de playa, algo que durante su construcción no gustó a los vecinos de la zona.

El edificio fue diseñado por el arquitecto Ricardo Bofill, el cual en un principio había establecido una altura de 168 metros, pero después de diversas discusiones con las autoridades locales, el proyecto tuvo que reducir la misma hasta los 99 metros que presenta en la actualidad.

El caso de Daniel Ordóñez no es el único ni el más raro o curioso de los que nos está dejando este periodo tan extraño de nuestra historia.

En Londres, dos amigos han pasado la cuarentena dentro de un conocido pub, dedicando todo el día a improvisar diferentes entretenimientos, como jugar al golf o hacer barbacoas en la terraza del edificio.

Además de poder beber toda la cerveza que deseen, la experiencia parece no haber sido demasiado placentera, ya que el local está básicamente construido en madera y durante la noche los ruidos son constantes, lo que les resulta bastante inquietante.

Pero sin duda, uno de los casos más llamativos ha sido el protagonizado por Olivia y Raúl de Freitas, pareja de recién casados de nacionalidad sudafricana, que se han visto obligados a pasar una luna de miel infinita en un resort de Las Maldivas.

En el caso de este matrimonio, el gobierno sudafricano decretó el cierre de los aeropuertos y la prohibición de entrar al país prácticamente de la noche a la mañana, por lo que sus posibilidades de regresar a casa eran especialmente bajas.

Cuando se disponían a trasladarse hasta la capital de Maldivas para intentar encontrar un vuelo de regreso, fueron advertidos de que el gobierno local podría prohibirles volver a su resort, por lo que finalmente decidieron permanecer en el mismo hasta que se les pudiese garantizar el viaje de vuelta.

Por esta razón, la pareja se ha convertido en los únicos dos huéspedes del Resort Cinnamon Velifushi Maldives, que normalmente acoge una media de 180 clientes.

Dado que el resto de la plantilla del resort también ha sido obligada a guardar cuarentena sin salir de el, el matrimonio de Freitas comentaba que durante la cena habían tenido hasta a 9 camareros atendiendo su mesa, mientras los chefs trabajaban en la cocina sólo para ellos.

Para algunos, todas estas situaciones serían una auténtica pesadilla, mientras que muchos otros seguro que en alguna ocasión han soñado con poder convertirse en los únicos usuarios de un lujoso hotel barcelonés a pie de playa, un enorme pub londinense, o un resort de las Islas Maldivas.

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