Colisiones en el aire: ¿Cómo se evitan?

En un día normal, un aeropuerto como el de Madrid puede registrar más de 1.000 operaciones, lo que significa que un avión está despegando o aterrizando en sus pistas cada 60 segundos, o incluso menos.

Este dato te puede dar una idea del enorme riesgo que supone tener a decenas de aeronaves cargadas de pasajeros sobrevolando un punto al mismo tiempo, sobre todo si estas se mueven a velocidades que en muchos casos superan los 300 km/h durante la fase de aproximación.

Sin embargo, las colisiones en el aire entre dos aviones son un tipo de incidencias totalmente extraordinarias, gracias a que existen distintos procedimientos destinados a minimizar este riesgo.

Haz cantar al loro

Lo hemos dicho muchas veces, pero en este caso también se cumple: no hay muchas cosas buenas que se puedan sacar de una guerra, excepto algunos avances tecnológicos cruciales.

Y esto es exactamente lo que ocurrió durante la II Guerra Mundial, cuando ya estaban operativos los primitivos radares primarios que alertaban de la presencia de aviones sobre el espacio aéreo.

Los operadores de estos radares se tenían que enfrentar a un serio problema, ya que no sabían si las flotas que detectaban en sus pantallas correspondían a aviones enemigos, o se trataba de sus propias aeronaves regresando a base.

Con el fin de solucionar este hecho, se ideó un pequeño aparato que se bautizó como el “loro” (parrot, en inglés).

Este dispositivo electrónico emitía una señal que identificaba a cada avión, otorgándole un número único e individual compuesto por dos dígitos.

Cuando se detectaba su presencia en el radar, el operador solicitaba al piloto que hiciese “cantar al loro” (squawk your parrot, en inglés), y este procedía inmediatamente a su activación, enviando el código de aeronave que se le había asignado y confirmando con ello su identidad.

Hoy en día, todavía se sigue utilizando en todo el sector aéreo el término inglés “sqawk”, que hace referencia al sonido emitido por algunas aves.

Del loro al transpondedor

Como es evidente, este sistema de identificación ha experimentado enormes avances durante el transcurso de los años, evolucionando finalmente a un aparato que hoy conocemos con el nombre de transpondedor.

Este calificativo explica perfectamente cuáles son sus funciones, ya que se trata de un término que es el resultado de juntar dos palabras distintas: transmitir y responder.

En la actualidad, son los controladores aéreos los que otorgan un número de 4 dígitos a cada avión, que servirá para mantenerlo identificado en sus pantallas.

Al contrario de cómo se hacía mucho tiempo atrás, este número no es único ni individual, sino que sólo identifica un vuelo en concreto, y es susceptible de cambiar si el aparato tiene que atravesar distintas zonas de control aéreo durante su trayecto.

Además, dependiendo de los distintos modelos utilizados, el transpondedor no sólo sirve para emitir un código de 4 dígitos, sino que informa a los controladores de la altura a la que se encuentra el avión, la velocidad a la que vuela, o el rumbo que está siguiendo, entre otras funciones.

Gracias a este sistema, los centros y torres de control pueden mantener una distancia de seguridad entre todos los aviones, ordenando a sus tripulaciones realizar distintas maniobras durante el despegue, la fase de vuelo, o la aproximación al aeropuerto.

Pero otro de los grandes avances en lo que se refiere a la seguridad en el aire, es que ya no son sólo los controladores aéreos los que pueden ver el tráfico de aviones que tienen en su área específica de trabajo, sino que los propios pilotos también disponen de la misma información.

El TCAS

Utilizando un doble sistema visual y acústico, los pilotos pueden conocer con exactitud cuántos aviones tienen a su alrededor, así como la altura a la que se encuentran con respecto a su propio aparato, y la trayectoria que están siguiendo.

Para ello, cuentan con el sistema TCAS, por sus siglas en inglés Traffic Alert and Collision Avoidance System (Sistema de Alerta de Tráfico y Anticolisión).

Este dispositivo es enormemente intuitivo y fácil de comprender, por lo que sólo basta con echar un vistazo a la pantalla para hacerse una idea global del tráfico que rodea a cada avión.

Todas las aeronaves que entran dentro del límite de rango del radar, y no suponen ningún tipo de riesgo en la trayectoria del avión, se reflejan con la forma de un diamante, un símbolo “+”, o “-“, y dos dígitos.

Los dos dígitos indican la diferencia de altura con respecto al avión, mientras que el símbolo “+” significa que vuelan en una ruta por encima, y el “-” que están situados por debajo.

De esta manera, si vemos un diamante con el símbolo “+” y la cifra 30, significaría que esa aeronave se encuentra volando a 3.000 pies por encima de nuestro avión.

Ese mismo diamante también puede aparecer en la pantalla coloreado de blanco, lo que quiere decir que el avión al que representa no supone en ese momento ningún riesgo, pero sólo en el caso de que se realizasen distintas maniobras, podría llegar a generar un conflicto entre ambas trayectorias.

En una tercera opción, la aeronave puede ser vista como un círculo de color amarillo o naranja. Esto indica que es necesario monitorizar su trayectoria, ya que podría entrar en conflicto con la de nuestro avión.

Por último, si lo que vemos en la pantalla es un cuadrado de color rojo, es necesario tomar medidas urgentes para corregir el rumbo o la altura, ya que ese aparato se encuentra a punto de interferir en nuestra trayectoria.

Sin embargo, este trabajo de monitorización constante también lo realiza el propio TCAS, avisando a la tripulación sólo en el caso de que se detecte alguna anomalía.

En el caso de que esto ocurriese, lanzaría un aviso acústico indicando “TRAFFIC, TRAFFIC”, lo cual obliga a los pilotos a prestar atención sobre la trayectoria que está siguiendo otro avión y asegurarse de que la misma no supone ningún riesgo.

Este aviso de tráfico se suele producir unos 50 segundos antes de una hipotética colisión, lo que da tiempo de sobra a las tripulaciones de los dos aparatos implicados para tomar las medidas más oportunas.

En una última situación, lo cual afortunadamente es mucho menos frecuente, el TCAS lanzaría lo que se conoce como una RA (Resolution Advisory), en la cual y ante un inminente riesgo de colisionar en el aire, se ordena realizar maniobras contrarias a las dos aeronaves implicadas.

Este aviso debe de ser cumplido de inmediato por los pilotos, ya que se recibe con apenas 35 segundos de margen previos a una hipotética colisión.

De recibirse en cabina una RA, el TCAS ordenaría a uno de los aviones implicados ascender (CLIMB, CLIMB), mientras que al otro le obligaría a descender (DESCEND, DESCEND).

En el caso de que uno de los dos, o ambos, se encuentren ya en una fase de ascenso o descenso, el TCAS les ordenaría detener o modificar la misma, utilizando para ello la secuencia (MONITOR VERTICAL SPEED).

Dependiendo del modelo de avión, y del tipo de TCAS utilizado, las señales visuales y acústicas pueden variar.

Conclusión

Como acabamos de comprobar, en la aviación generalmente no se deja un sólo sistema a cargo de elementos de seguridad, sino que normalmente se cuenta con distintos apoyos que puedan ayudar a complementar, o sustituir el mismo en el caso de una avería.

De esta manera, por un lado tenemos la labor que realizan los controladores aéreos, los cuales se encargan de que todas las aeronaves que se encuentran en su área respeten las normas e instrucciones que reciben, consiguiendo en todo momento mantener una distancia adecuada y garantizando con ello la seguridad de las operaciones.

Por otro lado, está la labor de los pilotos, los cuales también monitorizan constantemente la situación del espacio aéreo por el cual transitan, manteniendo un contacto directo con las distintas áreas de control, asegurándose con ello de que su presencia y las maniobras que realizan no están poniendo en riesgo la integridad física de sus pasajeros, o la de los ocupantes de otros aviones cercanos.

Por último, existen diversos sistemas electrónicos que se mantienen activos durante las distintas fases del vuelo, los cuales identifican a todas las aeronaves que se encuentran dentro del rango de alcance del radar, alertando con el margen de tiempo suficiente en el caso de que alguna de ellas pudiese suponer un peligro para el avión.

Para que se produjese una colisión en el aire entre dos aviones, tendría que producirse un triple fallo en cadena: el de  los controladores aéreos, los pilotos, y los sistemas electrónicos de alerta, algo que resulta muy poco probable.

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