Cuándo reservar tus vacaciones

Tenemos que reconocer que estamos en estado de shock, después de ver la enorme antelación con la que algunos usuarios de Turama reservan sus vacaciones, y también de los nervios, con aquellos que han esperado hasta el ultimísimo minuto para decidir qué quieren hacer durante sus días de descanso.

Ni lo uno ni lo otro son nada bueno. Lo cierto es que reservar tus vacaciones con demasiada antelación es tan malo, o peor, que hacerlo en el último momento.

Por esa razón, os vamos a explicar en este post cuándo deberíais de proceder, haciendo pública de esta manera una información que a muchos ya os hemos pasado por privado.

A dónde voy

En primer lugar, hay que tener más o menos claras las fechas de un posible viaje, dependiendo de cada destino en particular.

Para la gran mayoría de trabajadores por cuenta ajena, las empresas suelen hacer un cuadro de vacaciones en los primeros meses del año, por lo que este espacio de tiempo suele ser más que suficiente en gran parte de las situaciones que vamos a ver.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que si lo que tenemos en mente es un destino específico y muy determinado, quizás vamos a necesitar actuar bastante antes.

El ejemplo más típico es el de aquellos viajeros que desean desplazarse hasta un país en el que existe la “estación de lluvias”, o a cualquier otro destino donde las condiciones climáticas cambien radicalmente durante el año.

En estos casos, es necesario saber con antelación cuáles son los meses ideales para poder hacer turismo. No tiene sentido pretender visitar los parques nacionales de Canadá en pleno Invierno, cuando la mayoría están cerrados, ni tampoco es lógico pretender practicar esquí en ese país en el mes de Agosto, cuando ninguna estación tiene nieve.

Por esta razón, si sabemos que determinados destinos van a estar colapsados en ciertas épocas del año, por el motivo que sea, sí es imperativo hacer nuestras reservas con la mayor antelación posible.

Si cada vez hay más empresas que reservan el local o restaurante donde van a celebrar su cena de Navidad en los meses de Verano, a nadie tiene que sorprender tampoco que alguien pueda comprar su viaje de esquí con casi un año de antelación.

Sin embargo, semejante premura no es buena en todos los casos.

Cruceros

En el caso de los cruceros, probablemente estemos hablando de una de las pocas excepciones, junto a la que comentamos anteriormente, en la que se recomienda reservar con la mayor antelación.

Los barcos más populares de las grandes navieras suelen registrar niveles de ocupación cercanos al 90%, en un período de seis meses previos a la fecha de inicio del crucero.

Por ello, todos aquellos que reserven sus camarotes con menos de seis meses de antelación, están pagando más por un mismo producto que otros viajeros han obtenido a un mejor precio.

Las buenas noticias para aquellos que no pueden hacer este trámite hasta el último momento y son realmente flexibles en cuanto a barcos e itinerarios, es que en muchas ocasiones es posible localizar plazas que las navieras no han logrado vender, en determinados barcos y para recorridos muy concretos, por lo que a veces suena la flauta y salta la gran oferta por algún sitio.

En todo caso, antes de liarte la manta a la cabeza, habla con tu agencia y compara precios.

Hoteles

Hace muy pocas semanas denunciábamos desde Turama lo ocurrido en la final de la Champions League en Kiev, Ucrania.

Todos fuimos testigos de las patéticas artimañas de muchos hoteles para cancelar las reservas que tenían hechas con casi un año de antelación, y de esta manera poder vender las mismas camas a un precio que multiplicaba hasta en 5 ó 6 veces la tarifa original. En otros casos, se procedió simplemente a añadir un cero al precio ya pactado, pasando a costar una habitación de 200 euros, la increíble cifra de 2.000.

Hay que reconocer que esto no es la práctica habitual en todo el mundo. Nosotros tenemos reservas hechas para pernoctar en determinadas ciudades el año que viene, pero única y exclusivamente porque sabemos que se celebran ciertos eventos que anulan totalmente cualquier posibilidad de encontrar camas.

Cualquier persona medianamente conocedora del sector, sabe lo que pasa en Madrid durante la celebración de la feria de turismo, Fitur, o en Barcelona durante el Mobile World Congress. En estos casos, las reservas se hacen cuando se confirman las fechas por parte de los organizadores, ya que esperar para hacer la correspondiente compra equivale a no encontrar ningún sitio para dormir, o pagarlo a precio de oro.

Salvo en estos casos, de ninguna otra manera está justificado reservar un hotel con un año de antelación. En semejante período de tiempo pueden pasar mil y una cosas, y no sólo acontecimientos personales que obligan a cambiar nuestros planes, como una enfermedad, un accidente, o cualquier otro imprevisto, sino que el propio lugar elegido puede también sufrir una catástrofe natural, un ataque terrorista, un conflicto político de cualquier índole, y muchas otras circunstancias que den un giro radical a la situación.

Como norma general, el hotel debería de reservarse en el momento de tener confirmados nuestros billetes de avión, ya que las tarifas de las aerolíneas son muchísimo más problemáticas que las de los establecimientos hoteleros.

El precio de un billete de avión puede subir, bajar, o desaparecer por completo de un día para otro. La tarifa correspondiente al alquiler de una habitación es bastante más estable y, si bien se mueve sobre todo por períodos estacionales (temporada alta, media o baja), generalmente no hay enormes sorpresas.

Con la cama de un hotel no vamos a encontrarnos con semejantes fluctuaciones, cosa que sí ocurre con los asientos de un avión.

Avión

Después de pasar las 24 horas del día haciendo reservas aéreas, tenemos que concordar con aquellos estudios que afirman que el plazo ideal para comprar un billete de avión se sitúa en torno a los 3 meses previos a la fecha de salida.

Realmente, los que nos dedicamos a esto sabemos que controlar las tarifas de las distintas compañías aéreas es bastante más complicado que manejar las acciones en bolsa de casi cualquier empresa.

Asientos que aparecen y desaparecen, tarifas que vienen y van, vuelos que se cancelan, rutas que se dejan de operar a mitad de año, aerolíneas que quiebran de la noche a la mañana, aviones que dejan de volar, compras, ventas, OPAS, subida del precio del combustible, cambios en las tasas…

Los factores que influyen en el precio de un billete de avión son tantos y tan variados, que es absolutamente imposible poder manejar todos ellos.

El mismo asiento hoy cuesta 300 euros, mañana 302 y pasado mañana 289. Eso sí, la semana que viene empieza costando de nuevo 300.

Para evitar hacer el primo, hay que actuar de la misma manera que se haría en una subasta. En determinados lugares, este tipo de eventos comienzan lanzando el precio más alto posible, para posteriormente ir bajándolo de manera progresiva.

Si esperas demasiado para intentar obtener la mayor ganga, es probable que otro te la quite antes de las manos. Si quieres asegurarte la adquisición y paras la subasta demasiado pronto, hay muchas posibilidades de que hayas pagado más de lo que deberías.

Salvando las distancias, con los billetes de avión suele ocurrir esto. Comprando demasiado pronto se están pagando tarifas que la aerolínea ha calculado de una manera muy genérica, teniendo en cuenta niveles de ocupación teóricos. A medida que pasa el tiempo, la compañía va ajustando sus precios a la vista del número de asientos reales vendidos.

Esperar demasiado es un riesgo, pero reservar con mucha antelación es casi incluso peor. Por eso hablamos de un período estimado de unos 3 meses. A esas alturas, muchas compañías ya saben los asientos que se van a vender y aprovechan para “toquetear” los precios.

No hagas el primo.

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