Islandia. Naturaleza virgen en Europa

Parece que este pequeño país, situado al norte de Europa, sólo va a salir en las noticias en caso de algún desastre natural, como la erupción del volcán de nombre imposible, Eyjafjallajökull, que mantuvo en jaque el espacio aéreo europeo en el año 2010, o las protestas de su pequeña población (alrededor de 330.000 habitantes) a consecuencia de los desmanes de su clase política a lo largo de los últimos años.

Sin embargo, poco a poco, muchos se están dando cuenta que Islandia es uno de los últimos reductos de naturaleza virgen y salvaje que quedan en el continente europeo.

Esta isla es, según muchos investigadores, uno de los últimos lugares poblados por el ser humano y, al mismo tiempo, una de los democracias más antiguas del planeta.

Este doble carácter, por un lado la conservación de su lengua y tradiciones más remotas y, por otro, la adaptación, innovación y modernización de una sociedad como la islandesa, hacen de este país un sitio único.

Pocos se podrían imaginar que Islandia, donde abundan las zonas naturales despobladas, tiene una de los mejores redes de conexión wi-fi del planeta, que llega prácticamente al 99% de la población.

 

Sin embargo, muchos seguirán pensando por qué deberían organizar unas vacaciones en un sitio como este, perdido al norte del Océano Atlántico, cuando, prácticamente al lado se encuentran países como Suecia o Noruega, con un prestigio turístico mucho mayor.

Las razones podrían ser múltiples y de muy diferente naturaleza, pero el viajero europeo debería considerar, entre otras:

La distancia: Un vuelo de menos de 3 horas es un factor importante, sobre todo si se viaja con niños pequeños.

La moneda:  El cambio de moneda es muy favorable. Si bien es cierto que los lugares más turísticos están adaptados al nivel adquisitivo mucho mayor de sus vecinos nórdicos, es fácil comer y alojarse a precios verdaderamente bajos.

La naturaleza: Sólo hace falta pensar que, además de volcanes y paisajes increíbles, las mayores cascadas de Europa están aquí, superando con creces a Noruega.

La versatilidad: Se puede organizar un viaje con niños, para toda la familia, con actividades al aire libre, excursiones, paseos, etc, o, si se prefiere, una auténtica aventura, disfrutando de deportes de riesgo, motos de nieve, escalada, trekking, remo, vehículos todo terreno…

No es desdeñable tampoco apuntar el carácter abierto, desenfadado, moderno y, también, confiado de los islandeses. En una sociedad con un índice de criminalidad tan bajo, sorprende el grado de confianza que se deposita en el turista extranjero, difícil de encontrar en muchos otros destinos turísticos más habituales.

Lo más complicado es saber por cuánto tiempo, este oasis de paz y aire fresco, permanecerá en su estado actual, evitando las masificaciones y desventajas del turismo a gran escala que afectan a la mayor parte de países en la vieja Europa.

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