LA PEOR GENERACIÓN DE PASAJEROS DE LA HISTORIA

En Turama no nos cansamos de denunciar los desmanes y abusos de algunas compañías aéreas, que no dudan en aplicar cualquier tipo de treta contra sus pasajeros si con ello pueden obtener un beneficio económico. Sin embargo, poco hemos hablado de los cada vez peores comportamientos de muchos usuarios de estas aerolíneas, que rozan incluso con las más elementales normas de educación.

Valdría la pena recordar que, al contrario a lo que le parece a algunos, volar no es lo mismo que cuando ibas en la última fila del bus hacia el colegio. Alterar el orden, montar un follón, o simplemente catalogarse como un peligro en ciernes para el resto del pasaje, está considerado como un delito, y puede acabar con tus huesos en la cárcel.

Cada día se registran nuevos casos de alborotos, motines y disputas varias, algunas con cierta justificación, otras totalmente sin sentido, pero en todas sólo hay un único perjudicado, que siempre es el pasajero educado.

Basta con echar un ojo a la fila de embarque de cualquier vuelo y a cualquiera que esté familiarizado con este mundo le será realmente fácil distinguir a aquellos pasajeros que saben volar, de los que quieren hacer ver que saben.

Vamos a contaros los casos más sangrantes que podemos ver todos los días, y si alguien se ve reflejado en alguno de ellos, agradeceríamos enormemente que en el futuro tratase de evitarlos.

El listo de los precios

Lo sabemos, es un dicho que se repite a menudo, pero es cierto: un español con un cubata en la mano lo sabe todo.

Podríamos extrapolar esa misma frase al momento de realizar una reserva para comprar billetes por internet. En este caso parece que también un español, con un ordenador entre sus manos, lo sabe todo.

La verdad es que las meteduras de pata que se cometen cuando se escoge una aerolínea para desplazarse son absolutamente épicas. Generalmente, el usuario suele hacer uso de buscadores varios que lo van llevando poco a poco, y de una manera muy estudiada, hasta el terreno que más le interesa a la empresa vendedora, la cual es consciente de que el cebo de un precio más bajo siempre funciona.

Y es cierto, quién no conoce al típico personaje que siempre ha hecho el mismo viaje que tú, pero mucho más barato. Lo que no cuentan es las horas que tienen que hacer de espera en los aeropuertos, los extras que tienen que pagar a mayores que no incluyen sus tarifas, los desplazamientos eternos desde aeropuertos secundarios hasta el destino elegido, las innumerables escalas que tienen sus rutas, etc etc etc.

Ultimamente cada vez nos encontramos más con estos “listos de los precios” que llegan al aeropuerto y supuestamente desconocen que la tarifa que han abonado no les permite facturar equipaje, disponer de bebida o comida a bordo, escoger asiento y muchos otros servicios que ni siquiera han tenido en cuenta, cegados por un aparente precio más bajo.

Lo curioso es que, en vez de enfadarse con ellos mismos, pagan su frutación con quien esté atendiéndolos en ese instante.

Los de las maletas

Espécimen interesante este que muchos habrán sufrido en más de una ocasión. Se trata de aquellos pasajeros que empacan sus maletas hasta arriba, sin tener en cuenta los límites establecidos de medidas y peso para las mismas.

Normalmente llegan arrastrando sus pertenencias hasta los mostradores de facturación y ponen una cara de sorpresa cuando se les dice que han excedido el peso máximo permitido, igual que si se les diese la noticia de un embarazo no deseado.

Después de mirarse entre ellos un rato, deciden reabrir sus maletas y jugarse una partida de “Tetris” delante del resto de pasajeros que esperan pacientemente su turno. Si se quitan las botellas de una bolsa y se meten en otra, y luego se cambian los regalos y se facturan, y ponemos las chaquetas en la mochila ¿entramos en peso? …¡NO!, pero no pasa nada, sigan jugando que el resto esparamos aquí de pie mientras vemos volar tangas de leopardo y sujetadores transparentes de unas manos a otras.

El que siempre tiene tiempo

Personaje confiado por naturaleza que cree que vive en un bucle espacio temporal que le permite retrasar las manecillas de su reloj a discreción.

Este extraño ser sabe que tiene que presentarse en la puerta de embarque a la hora que tiene marcada en las pantallas que se instalan en todos los aeropuertos del mundo, pero confía en sus propias posibilidades y apura el último sorbo de cerveza, o las últimas compras en el Duty Free, bajo su lema: “hay tiempo…”.

Cuando, por fin, decide emprender el camino hacia su puerta, se percata de que está en otra terminal y tiene que ir corriendo y atropellando a todo aquel que se encuentra de por medio. Como ya ha hecho el check in, el avión lo está esperando y el personal de tierra llamando desesperadamente por megafonía, mientras él se sigue repitiendo: “hay tiempo…”.

Finalmente llega tarde, mal y arrastro y se le permite la entrada más por el hecho de evitar tener que bajar sus maletas de la bodega, que por otra cosa. Antiguamente era recibido con un sonoro aplauso por parte del resto de pasajeros que pacientemente lo han esperado.

No woman no cry

Este tipo de pasajeros se caracterizan por vestir igual que si fueran a un concierto de música reggae.

Llaman la anteción en la cola de embarque por los vivos colores de sus bermudas, sus sandalias “flip flop”, y las atrevidas camisetas sin mangas con mensajes del tipo “I love weed”.

Bajo unas expectativas internas de estar mucho más cómodos que el resto de los seres humanos, son incapaces de darse cuenta que dentro de una aeronave que se encuentra a 10.000 metros de altura hace mucho frío, sobre todo por la noche y en vuelos transoceánicos, por lo que luego es común verlos pedir desesperadamente mantas o revolver su equipaje de mano para encontrar algo que ponerse.

Suelen poner los ojos del Gato con Botas cuando se dirigen a la tripulación de cabina con una tímida sonrisa y, en un hilillo de voz, preguntan. “no tendrás una mantita por ahí…?”. Claro que sí guapis, en el maletero siempre hay alguna para estos casos.

Por cierto, el collar inflable para proteger supuestamente tus cervicales te lo puedes poner cuando ya estés sentado. Es realmente alarmante ver a un montón de pasajeros con semejante artilugio colgado del cuello antes de entrar en un avión. No se sabe si pertenecen a una secta, o van a una convención de lesionados por esguinces cervicales.

El perro de presa

Para ser pasajero de un avión no es necesario ser un experto en matemáticas, ni siquiera saber hacer integrales o derivadas, ni una mísera regla de tres. Eso sí, es muy importante saber contar.

Cuando el personal de tierra llama al embarque a los pasajeros, suele hacerse en orden utilizando los números de filas de sus asientos, con el fin de evitar aglomeraciones. Si tu sitio está localizado en la fila 21 y han llamado a todo aquel que esté situado entre las filas 1 y 20 no es necesario que te quedes de pie apoyado en el mostrador de embarque como un dogo de Weimar acechando a su presa.

Nadie, repetimos, nadie te va a quitar tu asiento asignado, por lo que puedes esperar sentado a tu turno sin temor a que te roben el sitio, y facilitarás con ello el paso del resto de pasajeros hacia el avión.

Es conveniente aclarar también que tu sobrina de 15 años y que mide 1,75 no entra dentro de la descripción de los que tienen preferencia de embarque por “viajar con niños”.

Sin embargo, lo que más nos gusta ver son los milagros que se producen a diario en las puertas de embarque. Pasajeros que acuden en silla de ruedas y reclaman el trato preferente que les corresponde, y que posteriormente entran corriendo con total facilidad en el avión, y son capaces de realizar varios demi-plié y pas de bourrée en el pasillo durante el viaje. Lord have mercy!

Hola, buenos días

Como profesionales de la aviación que somos sabemos que no vas a tener muchas dificultades en encontrar tu asiento dentro del avión, considerando que estás dentro de un tubo de metal cerrado. Aún así, los TCP siempre te esperan a la entrada para saludarte e indicarte el sitio que tienes asignado.

Además de tratarse de un elemento básico de educación, el saludo también sirve para hacer un rápido estudio del pasajero. Simplemente con un cruce de palabras es posible saber si la otra persona ha bebido de más, está alterado, o está transportando mucho más peso del que puede manejar.

Puedes contestar sin miedo al saludo, de momento no es un extra que hay que pagar a mayores, ni siquiera en Level.

Yo pude ser Messi

También lo sabemos: eras un excelente futbolista, pero las lesiones, la mala suerte, y un agente sin escrúpulos te privaron de levantar la Copa de Europa.

De todas formas, eso no es excusa para que recuerdes tus días balompédicos dándole pequeñas pataditas al respaldo del asiento que tienes delante, y acabes poniendo de los nervios al pasajero que está sentado en el mismo.

Recuerda que cuando entras a un avión tu destino se acaba de unir al del resto de pasajeros que se encuentran dentro del mismo, por lo que deberías procurar ser lo más amable posible con todo el mundo, ya que nunca sabrás si en algún momento vas a necesitar la ayuda de alguno para salvar tu vida.

No esperes que, después de haber estado dos horas golpeando la espalda de otro pasajero, este se vaya a jugar el pellejo por ti para sacarte de una situación comprometida, si se diese el caso. Procura respetar siempre el Karma, y recuerda que, tal y como indica el refrán inglés conocido en todo el mundo: “Karma is a bitch”.

Por cierto, no está de más recordar que no se permite reclinar el asiento cuando el pasajero situado detrás tuya está comiendo. La próxima vez echa un vistazo antes de empotrarle los macarrones en la cara.

Baby peditos

Comprendemos que dentro de la cabina de un avión la presión atmosférica es superior a la que se experimenta en tierra, y eso puedo provocar ciertas molestias intestinales. A pesar de esto, no es ninguna buena idea dar rienda suelta a tus instintos primitivos y abrir las puertas del inframundo mientras se está rodeado de otros pasajeros.

Ya no es sólo el hecho del mal olor y el mal rato que los demás tienen que pasar por tu culpa, sino que la detección de un aroma extraño en cabina puede resultar en una cancelación del vuelo, o un aterrizaje de emergencia.

Es algo que ocurre muy a menudo: aviones que detectan un olor extraño de difícil catalogación y ante el temor a que se trate de algún tipo de avería, cortocircuito, o filtración de gases nocivos desde los motores, deciden cancelar el vuelo y regresar a base. Puedes leer unos cuantos casos recientes aquí.

Así que la próxima vez que tengas que descargar presión, procura hacer uso de los baños correspondientes, o el chiste acabará saliéndote caro.

Macho macho man

Es probable que hayas hecho algún salto en tandem en paracaídas, te encanten las montañas rusas, y te hayas planteado ser piloto de combate, pero el soltar carcajadas y levantar las manos cuando el avión pasa por turbulencias, el gritar sonriendo frases relativas a un inminente desastre aéreo, o el meterte con otros pasajeros que lo están pasando mal, no te hace más macho.

Cualquier profesional sabe perfectamente que esa es la actitud típica del pasajero al cual le “acongoja” tener que volar, y tiende a tener que demostrar su valentía de diversas maneras delante del resto. Recuerda aquella frase que dice: “explicación no pedida, acusación manifiesta…”. No te pongas a ti mismo en evidencia, porque estamos cansados de saber lo que hay detrás de esos comportamientos.

Cuando un miembro de la tripulación te pida que te calles, o que te sientes, procura hacerlo. Tu vida es valiosa, y a todas las compañías les interesa conservarla, pero sobre todo no deberías discutir con alguien que te va servir la comida. Ya sabes a qué nos referimos…

La zona desmilitarizada

Si te toca volar en un asiento ubicado entre otros dos, puedes hacer uso de ambos reposa brazos, el derecho y el izquierdo.

Se supone que este pasajero se encuentra en una situación más incómoda que los otros dos a sus lados, por lo que se le confiere esa especial potestad. No consideres ese elemento como si se tratase de la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur, y mantengas todo el vuelo una guerra fría para comprobar quién es capaz de aguantar más tiempo empujando con su codo al otro.

Si te gusta conquistar territorios, juega un rato al Risk, pero no molestes a aquellos que tienen que ir más apretados que tú.

Con ustedes, el Señor Don Vizconde 

Seguro que si vas a comer a un chiringuito de playa no esperas mantelería de seda, ni que te limpien las miguitas de pan de la mesa con un recogedor de plata.

Salvo que por tus venas circule sangre color Pitufo, tampoco esperes que después de pagar una miseria por tu billete vayas a tener a un ayudante de cámara dentro del avión. Sí, ese botoncito que está encima de tu cabeza con el dibujo de un ser humano es para que lo aprietes en caso de que necesites algo con cierta urgencia, tu corazón se pare, o veas llamaradas saliendo de los motores.

En caso contrario, puedes esperar tranquilamente a que un miembro de la tripulación pase cerca de ti para solicitar lo que quieras, pero apretar el botoncito no equivale a sacar el número para la cola de la charcutería. Se te atenderá, cuando se pueda.

Por cierto, salvo que tus padres estén relacionados de alguna manera con alguno de los miembros de la tripulación, no es recomendable que te dirijas a ellos haciendo uso de la palabra “tío” o “tía”.

Por último, el utilizar la consabida frase de “yo pago tu sueldo…”, aquí no se aplica. Con lo que pagas por volar la mayoría de las veces no cubres ni el valor de los periódicos que se ofrecen para leer, así que mejor considera no utizarla.

Que venga Herodes

Entre las innumerables tareas de responsabilidad que tienen que cubrir los TCP dentro de un avión, no se encuentra el tutelaje temporal de menores.

Si eres un hippy guay y tienes a tus niños asilvestrados, procura mantenerlos a raya mientras están volando. El desentenderte de ellos bajo la excusa de “no pueden ir a ningún lado…” no es válido. No es el primer caso, ni el último, en el que se obliga al desembarque forzoso de una familia porque sus pequeñas bestias no saben comportarse.

Recuerda que dentro de un avión la única autoridad competente es el comandante del mismo, y si este decide que eres un grano en la parte baja de la espalda para el resto de pasajeros, se te pondrá de patitas en la calle sin más.

Marathon man

Si ya te percaste de que hay un orden para subir al avión, deberías hacer lo propio para bajar del mismo.

Es realmente molesto, y entorpece totalmente la maniobra de desembarque, cuando los pasajeros que se encuentran en filas traseras quieren salir antes que los que están en las delanteras.

Te aseguramos que no se reparten medallas en la puerta a los que consigan salir antes, ni siquiera un diploma conmemorativo de tal hecho. Es más, no hay casos conocidos de aviones que hayan despegado sin que hubiesen podido bajar todos sus pasajeros.

Sabemos que cuando estás en tu coche no cedes el paso ni al camión de los bomberos, pero procura no ponerte a adelantar a la gente que se encuentra en el pasillo de un avión, porque es bastante cutre salchichero.

Por otro lado, si sabes que llevas mucho equipaje de mano, o muy pesado, o dividido en varios compartimentos, no te metas en el medio de la gente a realizar extrañas maniobras, como si de un petrolero atracando en puerto se tratase. Espera a que se baje la mayoría de la gente y aprovecha para recoger todas tus pertenencias sin molestar a nadie.

Es difícil de entender que aquellos que han hecho todo lo posible para intentar acceder al avión antes que nadie, luego también quieran bajarse de primeros.

Sí, nos quedamos cortos, hay muchas otras situaciones que nos gustaría comentar, pero lo dejamos para otra ocasión.

Por favor, ten en cuenta todo lo que has leído, y procura no contribuir con tu actitud a aumentar el estrés en el ya bastante tirante mundo aéreo.

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