Vueling es un auténtico desastre

Si te apetece pasar unos días de vacaciones de aventura, no hace falta que te gastes el dinero en ir a Africa a hacer un safari, o en viajar a Asia para perderte por alguna isla paradisíaca. Lo único que tienes que hacer es comprar un billete para volar con Vueling, y vas a saber de verdad lo que es una aventura.

Desde hace ya algún tiempo, en cuanto llega el Verano hay varios clásicos que nos recuerdan que estamos en plena temporada estival. Uno de ellos son las cíclicas recomendaciones de los telediarios, que te dicen que intentes no hacer una maratón en las horas de más calor. Otro es la entrevista al típico paisano parado en medio de una carretera, que año tras año afirma que él nunca en su vida recordaba temperaturas tan altas en la zona.

La última, son las imágenes de pasajeros de Vueling tirados en algún aeropuerto, con cara de desconcierto y cierta descomposición.

Nosotros sólo podemos pensar en un par de críos, de edades cercanas a los 7 u 8 años, sentados detrás de un escritorio y organizando todo el plan operativo de Vueling. Esto es lo único con lo que podemos llegar a explicar la total falta de coordinación, de respuesta, de solución y de acierto con la rutas que vuela esta compañía.

Es difícil poder llegar a hacerlo peor, pero no imposible. Eso se encargan de demostrarlo Ryanair y EasyJet, cada una en su particular estilo.

Cuando uno compra un billete para viajar con Vueling, de repente se abre ante ese pasajero un mundo de posibilidades y encrucijadas, de jeroglíficos y pruebas que tendrá que pasar hasta llegar a su destino, o regresar de el.

Ni Indiana Jones buscando el Santo Grial tuvo la necesidad de resolver tantos conflictos. Si Vueling hubiese existido en la época de ficción del héroe de acción por antonomasia, su aventura hubiese comenzado y terminado en el mismo aeropuerto.

La cuestión es que la aerolínea de bajo coste española con sede en Barcelona, sigue el estilo de sus compañeras lowcost: todo va bien cuando va bien, ahora, cuando las cosas se tuercen, puedes empezar a buscarte la vida por otro lado, porque las soluciones que te va a ofrecer Vueling son de perogrullo.

Y precisamente esto último es lo que pudimos ver el pasado día 17 en el aeropuerto de El Prat, con un vuelo entre la capital catalana y la ciudad alemana de Hamburgo.

El modus operandi de Vueling suele ser siempre el mismo: primero se anuncia que se retrasa la salida en una hora y media. Transcurrido ese período de tiempo, se vuelve a anunciar otro retraso similar. A la tercera va la vencida y ya delante de la puerta de embarque se comunica oficialmente la cancelación del vuelo.

Pues vale, pensarán algunos, como pasa con todas las aerolíneas, ahora toca recolocar a los pasajeros y organizarlos para poder llegar a su destino lo antes posible, intentando minimizar las molestias que una situación semejante puede llegar a causar a los afectados.

El problema es que aquí estamos hablando de Vueling, un sub universo dentro del universo, donde la trayectoria más corta entre dos puntos no es una línea recta, sino un zig zag que se va dibujando a plazos.

Bien, pues cuál es la solución que Vueling ofrece a los pasajeros afectados por la cancelación de su vuelo a Hamburgo: ubicarlos en otro avión que hará su salida…en 8 días !!!!!!!

Sí, sí, no se nos ha escapado el dedo, 8 días. Para todos aquellos que se perdieron las clases de contar que Coco ofrecía en los programas infantiles de Barrio Sésamo, el 8 es ese número que sigue al 7, que a su vez está situado después del 6.

Claro, como es lógico y evidente, cuando uno recibe semejante “solución”, nota como sus pelos se ponen de punta, las uñas de sus manos comienzan a crecer, como si fuera el protagonista del vídeo de Thriller, y una sensación de mala leche le empieza a subir desde los pies hasta la cabeza.

Y justo antes de que se complete su transformación en hombre lobo, el iluminado que se encuentra detrás del mostrador de “Desatención al Cliente”, le amenaza con llamar a la policía si no abandona el lugar en menos de 3 segundos.

Claro, en este momento unos cuantos también pensarán aquello de que se trata de situaciones poco frecuentes, imprevistos, mala suerte, o lo que la aerolínea llama “motivos operaciones”, pero no es así. Esto mismo ha estado ocurriendo desde el principio del Verano con rutas operadas por la aerolínea a Italia.

En ese caso se argumentó que se trataba de la responsabilidad de los controladores aéreos franceses, que se encontraban en huelga. En otras ocasiones, se suele aludir al mal tiempo, porque aunque usted vea que el cielo está totalmente despejado, Vueling ha detectado la presencia de una amenazante nube justo en la mitad del recorrido, por lo que decide que mejor no jugar con fuego, que ya se sabe que las carga el diablo.

Por no hablar de la odisea que tuvieron que vivir los pasajeros de varios vuelos entre la ciudad de Coruña y Londres, que acabaron tardando hasta 3 días en regresar a casa. Recordamos, además, que esta ruta está subvencionada por el Concello de A Coruña, que paga a Vueling por operarla.

Y por supuesto que hay aviones entre Barcelona y Hamburgo con fecha y hora de salida similar a la de los aviones de Vueling, al igual que para cubrir la ruta entre la Ciudad Condal e Italia, así como para llegar desde Londres a Galicia, pero a la lowcost española no le viene demasiado bien reubicar a sus pasajeros en vuelos de la competencia, no vaya a ser que se den cuenta de la sensación que uno tiene cuando vuela con compañías aéreas medianamente serias.

Esto es lo mismo que le pasa el miope mientras no tiene gafas: él cree que puede ver el mundo perfectamente. El día que se las pone, igual que el día que uno vuela con una aerolínea profesional, se da cuenta de lo mal que estaba antes.

Vueling ya estuvo a punto de irse al garete hace tan solo dos años, cuando creó una crisis tan grande a nivel nacional y europeo, que incluso el Ministerio de Fomento tuvo que advertir a la compañía que procedería a retirarle su licencia de operador aéreo si no arreglaba la situación.

Junto con los escándalos de Air Madrid y de SpanAir, ambas ya desaparecidas, Vueling es la única superviviente de esos 3 jinetes del apocalipsis.

El año pasado, con el miedo todavía en el cuerpo, Vueling se mantuvo bastante prudente, renunciando a su crecimiento en aras a ofrecer una mejor atención y no tener que cancelar tantos vuelos.

Este Verano, va por el camino de repetir sus grandes “éxitos” del pasado, como si de Georgie Dann se tratase, pero cambiando la letra de la famosa canción del artista francés a “Vueling no puede, Vueling no puede…”.

Y ahora en serio, por nuestra parte ya estamos intentando trabajar lo menos posible con Vueling, ofertando alternativas que ofrezcan menos problemas, pero quien tendría que actuar desde este mismo instante son las autoridades competentes, procediendo a retirar todo tipo de ayuda o subvención y exigiendo a esta aerolínea (y a todas las que se dedican a hacer lo mismo), cumplir escrupulosamente con sus obligaciones y dejar de arruinar las vacaciones a la gente.

Y si no es así, al menos que le cambien el nombre y lo dejen en “Canceling”, que también es sinónimo de “Level”, la hermana diabólica.

Porque a este paso, la RAE va a tener que añadir otra entrada a su diccionario y definir a Vueling como: amago de aerolínea de bajo coste española, que los más viejos del lugar afirman haber visto volar.

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