Greta Thunberg: ¿Debes de sentir vergüenza al volar en avión?

Hace aproximadamente 8.000 años, el desierto del Sahara era un auténtico vergel, en el que se podían encontrar grandes lagos, multitud de árboles y enormes extensiones de hierba.

De hecho, hoy también sabemos que cuando se construyeron las pirámides de Egipto, el entorno en el que están ubicadas no tenía nada que ver con el que ahora conocemos, totalmente árido y seco.

Es también enormemente significativo que en distintas partes de nuestro planeta se hayan localizado bajo el mar restos de antiguas civilizaciones, que en su momento crecieron y se desarrollaron en la superficie, para pasar posteriormente a ser engullidas por el océano.

Entonces, ¿cuánto CO2 lanzaba en aquellos lejanos tiempos el ser humano a la atmósfera, como para poder provocar semejantes cambios climáticos y geográficos?, pues más bien poco, por no decir apenas ninguno.

Nuestro planeta, queramos o no queramos, sigue su propia hoja de ruta, y se abre camino por donde considera más oportuno, sin tener en cuenta si con ello se lleva por delante a una parte de la humanidad, o a toda en su conjunto.

Esto no quiere decir que la generación de guarros en la que nos hemos convertido no tenga nada que ver en el asunto, más bien al contrario. Es evidente que estamos ayudando a acelerar un proceso de calentamiento global, con todo lo que esto conlleva: contaminación de nuestro entorno y la extinción de múltiples especies animales.

Cuando Greta se cabreó

Quien lea esto esperando encontrar algún tipo de insulto, o palabra mal sonante, dirigida a la joven activista sueca, está muy equivocado.

Por encima de cualquier línea de pensamiento sobre el problema de la contaminación, hay que tener en cuenta que hablamos de una menor de edad, que se define a si misma como “activista del clima y medioambiente de 16 años con Asperger”.

Antes de hacer determinado tipo de comentarios, como muchos que se pueden leer en las redes sociales, sería necesario tomar la perspectiva adecuada y tener muy presente a quién se los están dirigiendo. Respeto por encima de cualquier otra cosa.

No sólo esto, nosotros pensamos que Greta puede viajar en primera clase de cualquier tren, tal y como hace, en yates de millonarios, o donde estime más oportuno. El discurso que promulga no está reñido con la comodidad, y para defenderlo no es necesario ni navegar en la bodega de un bote de madera, ni alumbrarse con una vela o vestirse con harapos.

Eso sí, como analistas del sector aéreo, agentes de viajes y profesionales del turismo, no podemos estar más en desacuerdo cuando afirma que debemos sentir vergüenza al subirnos a un avión.

No todo es CO2

Una buena parte de la filosofía de la joven sueca se ha basado en repetir hasta la saciedad que dado que los aviones lanzan a la atmósfera cantidades muy importantes de CO2, deberíamos evitar su uso, por lo que cada vez que embarquemos dentro de uno tendríamos que sentirnos avergonzados por ello.

Lo cierto es que la aviación comercial y sus emisiones a la atmósfera no representa ni un 10% del problema, lo cual no quita que sea necesario seguir trabajando para reducir ese porcentaje, buscando combustibles menos contaminantes, motores más eficientes y alcanzando cuanto antes la meta de un sector que opere en exclusiva con aviones eléctricos.

El problema más grave que encontramos en Greta Thunberg es la extrema radicalización de su mensaje, cosa que ahora está muy de moda, por encima de lo que se podría considerar una sobreactuación en determinados momentos, algo que a nosotros no nos molesta especialmente.

Greta viaja tranquilamente en barco por el medio del océano Atlántico porque sabe perfectamente, y sus padres también, que en caso de cualquier problema rápidamente aparecerá un avión, o un helicóptero, para localizarla y sacarla del correspondiente apuro.

Porque estos “pájaros de metal” no sólo contaminan, también llevan órganos vitales a pacientes que los esperan in extremis, apagan incendios en lugares a donde es imposible acceder, y han conseguido reducir la distancia entre la propia humanidad a unas pocas horas de vuelo.

Sólo por esto, creemos que el sector aéreo merece una lectura algo más profunda que la de un simple “no vueles”.

Siguiendo esta regla de tres, deberíamos avergonzarnos mucho más al encender una luz, o la calefacción, dado que son sectores que contaminan muchísimo más que el aéreo, pero a nadie se le ha pedido hacer hogueras en casa para evitar la emisión de CO2 a la atmósfera (de momento…).

Fuera extremos

Como decíamos antes, nosotros creemos que Greta ha contribuido con una importante labor, que es lanzar el mensaje de que es necesario comenzar a actuar cuanto antes, si es que queremos conservar nuestro mundo, aunque tal y como comentábamos al comienzo de este post, por mucho que se lo proponga, el ser humano no es capaz de cambiar el propio ritmo que marca el planeta, aunque sí contribuir a no perjudicarlo más de lo necesario.

Sin embargo, también pensamos que toda la filosofía de la joven activista está condenada al fracaso, precisamente por ese exceso de radicalización del que hace gala.

Hoy en día esto funciona así: no eres un buen aficionado de un equipo de fútbol si no odias profundamente al rival, y deseas que este se estrelle en el viaje de vuelta a su ciudad. No eres un buen militante de un partido político, si no sientes un especial desprecio por los que apoyan al partido contrario. No eres un buen ciudadano de un país, si no odias al país vecino, su lengua y sus costumbres.

Parece que todo necesita de una elevada radicalización, si es que de verdad quieres parecer auténtico y comprometido con la causa.

Al final, estas actitudes ponen en postura de defensa total a las partes señaladas, que sospechan de otros intereses ocultos y en vez de ponerse manos a la obra, reculan hasta donde pueden.

Y nosotros nos preguntamos el porqué no se lanza mejor el mensaje de un sector aéreo más comprometido con el medioambiente, pero de verdad, y se urge a las compañías aéreas y a los constructores para que vayan adaptando sus aviones lo más rápido posible.

No entendemos ese deseo de intentar conseguir que la gente se avergüence de los grandes avances científicos y tecnológicos que la sociedad ha alcanzado en los últimos siglos.

Efectivamente, ahora vemos que tenemos que seguir dando más pasos para adaptar todas las industrias y sectores a un mundo que debería ser menos dañino para el mismo, pero siempre respetando el pasado y nunca bajo la amenaza de la vergüenza.

No, no nos avergonzamos de volar en avión, al contrario, disfrutamos cada segundo de cada vuelo y estamos realmente orgullosos de todo lo que ha conseguido la aviación, desde los aeroplanos de madera y papel, hasta la conquista de la Luna.

Y sí, queremos y deseamos que la tecnología siga avanzando para que la aviación no entre en las estadísticas de los sectores más contaminantes, lo cual no se consigue dejando de volar, sino trabajando, investigando y dando ejemplo todos los días del año, no sólo cuando se celebran las ferias internacionales más importantes sobre el clima.

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