Iberia: aterrizaje de emergencia en Ginebra

El 20 de Marzo de 1999, el comandante Jaume Marcos Domenech, conjuntamente con el primer oficial Javier del Olmo, daban una lección al mundo de pericia, profesionalidad y sangre fría.

Ambos a los mandos de un MD-87 de Iberia, se enfrentaron y resolvieron con éxito una situación extremadamente complicada, cuando el tren delantero del avión se quedó atascado dentro de su compartimento pocos minutos antes de tomar tierra en el aeropuerto internacional de Ginebra, en Suiza.

El problema surgió aproximadamente a las 12:00 horas, cuando la aeronave se aproximaba a su destino y la tripulación preparaba la maniobra de aterrizaje.

En el momento de desplegar el tren de aterrizaje del avión, siempre se espera a la confirmación de que tanto el principal, derecho e izquierdo, así como el delantero, se encuentran en la posición adecuada.

Esto se sabe en cabina en el momento en el que se encienden tres indicadores verdes, pero aquel día algo falló y sólo se mostraron dos de ellos.

El correspondiente al tren delantero, ubicado bajo la nariz del aparato, mostraba que este no había salido de su posición de repliegue, lo cual impedía tomar tierra sobre la pista del aeropuerto suizo.

Tal y como se indicaba en los procedimientos a seguir para este modelo en concreto del fabricante McDonnell Douglas, primero se intentó desbloquear la puerta que tapa el nicho en el que sitúa el tren de aterrizaje, intentando que este caiga por su propio peso.

Sin embargo, esta maniobra no obtuvo ningún resultado.

Poco después se contactó por radio con el servicio de mantenimiento de Iberia en Madrid, con el fin de buscar alguna solución alternativa, pero esta gestión también resultó infructuosa.

La tripulación tenía mucho tiempo para intentar dar con un plan, dado que el aparato, que había partido de la ciudad de Barcelona, llevaba sus depósitos totalmente llenos.

De esta manera, finalmente se decidió realizar la maniobra de toma sobre el tren principal, manteniendo el morro del aparato en el aire el máximo tiempo posible, con el fin de evitar su roce contra el asfalto.

Para ello, se solicitó a los servicios de tierra del aeropuerto de Ginebra que vertiesen nieve carbónica sobre la pista de aterrizaje, una especie de espuma que minimiza el contacto del fuselaje contra el suelo, y evita que se generen chispas que puedan causar un incendio.

Esta espuma tuvo que situarse en la parte delantera de la pista, para que los neumáticos del tren principal tocasen primero sobre el suelo y no derrapasen.

Si la velocidad a la que el avión aterriza fuese muy elevada, el aparato se arrastraría peligrosamente, lo que aumentaría notablemente las posibilidades de una salida de pista, o que se pudiese generar un incendio.

En caso contrario, si la aeronave vuela demasiado lenta, el morro del avión no aguantaría demasiado tiempo en el aire, y se desplomaría contra el suelo excesivamente pronto.

Gracias al vídeo que nos ha facilitado uno de nuestros seguidores más activos del grupo privado que tenemos en FB, se puede apreciar la perfección con la que fue realizada esta complicada maniobra, la cual se completó con éxito y sin causar un solo herido entre los ocupantes de la cabina, ni en sus tripulantes.

Además, la evacuación de los pasajeros fue realizada en tiempo récord (apenas 1 minuto), lo cual dice mucho de los TCP que se encontraban en ese momento a bordo, con Víctor Málaga como sobrecargo.

En una sociedad que tiende siempre a valorar más lo de fuera que lo que tiene en casa, hoy queríamos rendir homenaje a estos grandes profesionales, ejemplo e imagen a seguir para cualquier piloto de avión, o amante de este sector.

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