Ingesta de aves, un riesgo en aumento

El día de ayer, el avión matrícula VQ-BOZ, Airbus A321-100, perteneciente a la flota de la compañía aérea Ural Airlines, se veía obligado a realizar un aterrizaje de emergencia sobre un campo de maíz, situado a aproximadamente 5 km de la pista 12 del aeropuerto moscovita Zhukovsky.

El motivo que provocó dicha maniobra, fue la ingesta de aves a través de los dos motores del aparato, justo en el momento de iniciar el ascenso y pocos segundos después del despegue.

Al perder la propulsión necesaria para seguir volando, y encontrarse a apenas 200 metros de altura, los pilotos no tuvieron más remedio que tomar tierra en el primer lugar disponible para ello, que en este caso se trataba de una zona verde con vegetación alta, lo cual de alguna manera facilitó la complicada maniobra, ayudando además a frenar la aeronave.

Finalmente, la pericia de la tripulación logró salvar a todos los ocupantes del avión, registrándose “tan solo” 10 heridos.

Caso Sully

Este accidente es muy similar al sufrido en Enero del 2009 por un avión de US Airways, que también colisionaba con una bandada de aves poco después de despegar del aeropuerto neoyorquino de La Guardia.

Igual que en el caso ocurrido ayer, ambos motores resultaban dañados, obligando a una toma urgente.

A los mandos del Airbus A320 de US Airways, se encontraba el Comandante Chesley Sullenberger, apodado “Sully”, acompañado por el Primer Oficial Jeff Skiles.

En lo que fue denominado como “el mejor amerizaje de la historia”, finalmente lograban realizar esta maniobra en las aguas del río Hudson, registrándose tan solo 1 herido.

Aunque posteriormente toda la tripulación fue condecorada por su desempeño en los hechos, en un principio la labor de ambos pilotos fue muy cuestionada, llegando incluso a ser acusados de negligencia.

El suceso acontecido en Rusia hace poco más de 24 horas, volvía de nuevo a poner encima de la mesa el riesgo que supone para la avión, tanto privada como comercial, los impactos contra aves, algo que cada vez está sucediendo con mayor frecuencia.

Aves vs. Aviones

En primer lugar, es necesario distinguir lo que se denomina “impacto contra aves”, de lo que se conoce como “ingesta de aves”.

Aunque el segundo término puede ser englobado dentro del primero, este hace referencia a todos los tipo de colisión que se producen entre un avión y un ave, mientras que el segundo se centra única y exclusivamente en los que el impacto se registra en el motor, el cual traga (literalmente) al animal.

La frecuencia de estos sucesos es mucho mayor de lo que generalmente se cree. Entre los años 2008 y 2015, se registraron por ICAO un total de 97.751 incidentes de este tipo, repartidos por más de 91 países.

La parte más afectada de los aviones envueltos en este tipo de sucesos, es el parabrisas delantero de la cabina, el cual sufrió el 15% de los golpes.

Las alas, con un 14% del total de las ocurrencias, y los motores, con un 13%, son los siguientes elementos más dañados tras las colisiones.

Tal y como acabamos de confirmar con el siniestro de Rusia, el mes del año que registra un mayor número de impactos de aviones contra aves es Agosto, con un 15% del total de los sucesos, seguido por Julio y Septiembre.

La inmensa mayoría, casi el 70%, ocurren durante el día, y el 25% durante la noche. El resto de sucesos se dividen entre el amanecer y el ocaso.

Dado que la gran mayoría de las aves implicadas vuelan a muy baja altura, la mayoría de colisiones se producen durante la maniobra de despegue, durante la aproximación, o en el aterrizaje.

Los impactos a gran altura son prácticamente inexistentes, aunque tenemos que reseñar que en el año 1973 un avión comercial colisionaba contra un buitre a 37.000 pies (más de 11.000 metros), sobre el espacio aéreo de Costa de Marfil, en Africa.

Afortunadamente, el 49% de este tipo de incidencias derivan únicamente en un aterrizaje no programado, con el fin de poder evaluar con exactitud la magnitud y alcance de los daños sufridos.

Sólo en un 3% de las ocasiones, la tripulación de las aeronaves afectadas se vio obligada a apagar uno de los motores, y apenas un 0.25% acabó derivando en un accidente.

Situación de riesgo

Para hacerse una idea de lo que supone la colisión de un ave contra un avión, basta con prestar atención a los datos facilitados por el comité que estudia este tipo de incidentes en los EEUU.

Según el BSC (Bird Strike Committee), el impacto de un ganso de 5,4 kilos de peso, contra un avión que se encuentra en la fase de despegue, equivale a la fuerza que ejerce un objeto de 455 kilos lanzado desde una altura de 3 metros.

Afortunadamente, la mayor parte de aves involucradas en estos casos son palomas y golondrinas, de peso muy inferior, aunque también hay un número importante de gaviotas, que alcanzan mayores dimensiones.

Las consecuencias de recibir un golpe en la ventana frontal, pueden ir desde obstaculizar la visión del piloto, a dañar alguna sonda o conducto, o incluso a la rotura de la misma, lo cual sí puede derivar en una situación de extrema urgencia.

El borde de ataque de las alas también alberga componentes susceptibles de ser dañados, aunque un impacto contra las mismas, en principio, no resultaría especialmente peligroso para los ocupantes del avión.

Sin embargo, cuando un ave es engullida por el motor de una aeronave, sí se pueden dar situaciones de especial gravedad, dependiendo de los daños que esta provoque a su paso por dentro de la turbina, o en el caso de que quede atorada en la misma.

Tenemos que tener en cuenta el proceso de combustión que se da dentro de los motores, que trabajan a altísimas temperaturas, y aunque todos están protegidos para que en el caso de una explosión esta quede amortiguada y no salten partes del mismo a otros puntos del avión, las consecuencias siempre son impredecibles.

Hoy en día, cualquier aparato comercial está debidamente certificado para poder seguir volando un número determinado de horas con un solo motor, por lo que en el peor de los casos la situación sólo acabaría derivando en un aterrizaje no programado.

De hecho, se ha calculado que los mayores gastos que tienen que afrontar las compañías aéreas tras este tipo de incidencias, no son los derivados de los desperfectos en los motores, sino los que corresponden a las indemnizaciones por retrasos y cancelaciones, que se han calculado en aproximadamente 1.200 millones de dólares al año, sólo en los EEUU.

¿Por qué ocurre?

Es muy difícil conocer a ciencia cierta el porqué del aumento de este tipo de incidencias.

De poco más de 1.000 casos ocurridos en los EEUU durante el año 1990, se contabilizaban más de 12.000 en el 2015.

Algunas fuentes achacan esta situación a la creciente contaminación de las grandes ciudades, que lleva a las aves a dirigirse hacia grandes espacios abiertos, como son los aeropuertos, capaces de acumular toneladas de basura de todo tipo.

Las medidas que se toman por parte de las autoridades competentes, van desde provocar ruidos explosivos, a vehículos que circulan emitiendo los sonidos típicos de los depredadores naturales más habituales en la zona.

De todas maneras, y aunque parezca increíble en el siglo XXI, la mayoría siguen utilizando la cetrería como la mejor arma de defensa.

Son muchos los aeropuertos que siguen contando en la actualidad con aves adiestradas, como águilas o halcones, las cuales se sueltan prácticamente a diario para ahuyentar a otro tipo de especies que podrían resultar más problemáticas para el tráfico aéreo.

También se está reduciendo la velocidad máxima de los aparatos que se encuentran en la fase de aproximación, con el fin de minimizar las consecuencias que tendría el impacto contra aves.

Hay que tener en cuenta que a una velocidad de 250 nudos, el ojo humano podría detectar la presencia de un ave a menos de 1 km de distancia, lo que significa que los pilotos apenas contarían con 8 segundos de tiempo de reacción.

Sin embargo, esto no es tan fácil, ya que en muchas ocasiones el propio plumaje hace muy difícil distinguirlas a gran distancia, y sólo son vistas cuando se mueven en bandadas.

Por último, sólo apuntar que si decíamos antes que apenas el 3% de esta situaciones derivan en el apagado de uno de los dos motores, las ocasiones en que resultan afectados los dos al mismo tiempo, son verdaderamente extraordinarias.

Afortunadamente, hoy podemos celebrar dos de ellas, tanto la ocurrida en Nueva York, como en Moscú, y felicitar a los pilotos involucrados en ambas por su pericia y profesionalidad.

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