Las aerolíneas no quieren médicos a bordo

Es evidente que cuando nos subimos a un avión, sobre todo si se trata de vuelos de larga duración, siempre esperamos que entre nuestros compañeros de viaje se encuentre algún doctor, por aquello de lo que pueda pasar.

Sin embargo, muchas compañías aéreas se han dado cuenta que este hecho, en vez de proporcionarles un beneficio añadido, les puede traer problemas.

Para cualquier licenciado en medicina, lo último que espera oír cuando se va de viaje es la típica llamada por la megafonía del avión reclamando la presencia urgente de un médico. Se trata de un plato de mal gusto que hay que atender, cumpliendo con el código deontológico de la profesión, por lo que se presupone que inhibirse en estos casos no es una opción.

Lamentablemente, en este tipo de situaciones los profesionales de la medicina tienen mucho que perder y muy poco que ganar. Además del posible agradecimiento del afectado y la sensación de haber cumplido con una obligación ética, las aerolíneas no suelen compensar el mal momento que se pasa atendiendo a un paciente en condiciones muy poco favorables y sin apenas medios técnicos ni apoyo.

Si bien es cierto que algunos profesionales reconocen que determinadas aerolíneas cuentan con botiquines y un equipo adecuado para atender este tipo de emergencias, como por ejemplo Iberia, en otras echan en falta elementos indispensables para poder responder adecuadamente ante las mismas, o los que hay no están en buen estado de conservación.

Esto, sumado al estrés del momento en un entorno extraño y ajeno para la gran mayoría de médicos, muchas veces ha llevado a las compañías aéreas a tener que realizar aterrizajes no programados para poder desembarcar al pasajero afectado, lo que supone una enorme pérdida no sólo de tiempo, sino también de dinero.

Y cuando hablamos de perder dinero, ya sabemos que no hay muchas aerolíneas que estén dispuestas a malgastar un solo euro, razón por la cual han nacido varias empresas médicas cuyo último fin es prestar su asesoramiento para evitar que se puedan producir desvíos innecesarios en las rutas que operan.

Hasta ahora, lo normal era seguir el criterio profesional del facultativo que se encontraba prestando atención al pasajero enfermo, pero algunas compañías aéreas han llegado a la conclusión de que en muchos casos estos médicos recomendaban aterrizar lo antes posible para que el afectado pudiese recibir asistencia en algún centro hospitalario, supuestamente presionados por el temor a hacer algo incorrecto o a no detectar alguna patología más grave, lo que podría derivar en una situación de extrema urgencia en la que se verían implicados de lleno y de la que podrían llegar a ser responsables, en caso de aplicarse determinadas legislaciones de algunos países.

De este modo, se han creado en los EEUU las empresas MedAire, ubicada en Phoenix, y STAT-MD Inc, que presta sus servicios desde Pittsburgh, las cuales ya están trabajando en la actualidad con más de 20 compañías aéreas de todo el mundo.

Según declaraciones de T.J. Doyle, director médico de STAT-MD Inc., su función es evitar los desvíos y aterrizajes no programados derivados de emergencias médicas a bordo.

Para el doctor Doyle, el médico que se presenta voluntario dentro del avión sólo debería prestar funciones de recogida de datos e información, o en último caso realizar los procedimientos que pudiesen corresponder, única y exclusivamente.

A pesar de que tanto en los EEUU, como en muchos otros países, este tipo de situaciones están protegidas legalmente para que el afectado no pueda reclamar al profesional médico por una asistencia prestada dentro de la cabina de un avión, y probablemente sin poder disponer de los medios técnicos necesarios para ello, es cierto que la reputación profesional sí podría verse muy afectada en caso de un desenlace fatal.

El doctor Doyle insinúa, o deja entrever, que los médicos voluntarios solicitan en la mayoría de los casos el aterrizaje urgente del avión para protegerse profesionalmente, sin tener en cuenta las consecuencias económicas que esta circunstancia provoca a la aerolínea.

Así, estas dos empresas serán las que tomen la decisión final sobre la conveniencia, o no, de realizar el desvío, descargando al médico voluntario de tener que asumir esta responsabilidad.

Sin embargo, lo que para algunos podrían ser buenas noticias, para otros es una señal más de la falta de escrúpulos de algunas compañías aéreas cuando se trata de ahorrar dinero.

Si bien algunos profesionales agradecen que se les quite este peso de encima y actuar sólo como la mano ejecutora de las instrucciones que se reciban de la empresa médica que asesore a la aerolínea, otros tantos facultativos y la gran mayoría de pasajeros, no aceptan este nuevo sistema.

La polémica saltó a los medios de comunicación a raíz de lo ocurrido en el año 2016 en un vuelo de la compañía United, entre Chicago y Roma.

Lewis Christman presentó una demanda contra esta aerolínea norteamericana, después de sufrir una pancreatitis aguda y pasar 7 horas tirado en el suelo en posición fetal y vomitando. A pesar de la insistencia de un facultativo que se encontraba dentro del avión y que recomendó en múltiples ocasiones el aterrizaje del mismo, United decidió seguir el vuelo con normalidad, basándose en la opinión de sus asesores médicos.

El señor Christman pasó los 3 meses siguientes ingresado en un hospital y su abogado, David Axelrod, considera que si se hubiese prestado una asistencia adecuada en su momento, las consecuencias para su cliente no hubiesen sido tan graves.

En este caso, el letrado del pasajero afectado considera que la aerolínea puso por delante sus intereses económicos, a pesar de que uno de sus pasajeros presentaba una urgencia médica que podría haber derivado en consecuencias fatales.

De esta manera, la polémica ya está servida. Mientras algunos médicos agradecen pasar a un segundo plano en este tipo de situaciones, otros tienen la sensación de que se les está pasando por encima, defendiendo criterios económicos antes que los puramente médicos, y la gran mayoría de pasajeros entienden que pueden quedar muy desprotegidos.

Por último, nos gustaría volver a recordar los comentarios realizados por varios profesionales médicos que han hablado con Turama sobre este asunto, indicando que si bien algunas compañías aéreas agradecen los servicios prestados, incluso con algún tipo de detalle comercial, como la entrega de pequeños neceseres o la invitación a beber o comer algo, como según nos dicen suele ocurrir en Iberia, en otras conocidas aerolíneas españolas se limitan al envío de un correo electrónico de agradecimiento, varios días después del vuelo. En muchas ocasiones, ni eso.

Si bien estos profesionales reconocen y asumen que su vocación y ética profesional les obliga a prestar asistencia en cualquier tipo de circunstancia, en ocasiones han tenido que pasar todo un vuelo al lado de un pasajero enfermo, sin poder dormir o descansar, y esta es una circunstancia que algunas aerolíneas deberían aprender a valorar.

 

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