No queremos billetes a 5 euros

Las compañías aéreas, salvo honrosas excepciones, se niegan a aceptar la nueva realidad del sector y las consecuencias de la pandemia, las cuales son inmensamente peores a la crisis que en 2001 trajeron los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York.

Hasta el pasado mes de Marzo, cualquier crisis existencial que pudiese surgir a una aerolínea era resuelta inmediatamente a base de ofertar promociones de billetes a precios ridículos, algo que en la actualidad ya no funciona.

Las razones son muchas y variadas, pero todas ellas tienen un origen común, que es la desconfianza de los pasajeros hacia unas empresas que durante los últimos 20 años los han tratado como a ganado.

Pasajeros abandonados en el aeropuerto de Narita, Tokyo

El abuso del overbooking (sobreventa de billetes), las cabinas cada vez más apiñadas y en donde apenas hay espacio para doblar las rodillas, la pésima atención al cliente, los problemas con el equipaje de mano, los problemas con el equipaje facturado, las tasas exageradas por cancelación, por cambio de fechas, son algunas de las incidencias más habituales a las que todos los usuarios habituales del transporte aéreo nos hemos tenido que enfrentar en más de una ocasión.

Las compañías aéreas pecaron de un exceso de confianza. Sabían que tenían a millones de clientes comprando sus billetes y comiendo de su mano, los cuales asumían cualquier atropello o tropelía a la que fueran sometidos, siempre y cuando las tarifas para volar se mantuviesen bajas.

Y ahora, las mismas compañías que se negaron a reembolsar el importe de los billetes correspondientes a los vuelos cancelados por la Covid19, piden a sus pasajeros que sigan confiando en ellas.

Basta ya de engañarnos unos a otros por un supuesto bien común que no existe, los problemas del sector aéreo empezaron muchos años antes de la llegada del coronavirus, al que sólo se puede culpar en parte de lo que está ocurriendo.

La pandemia lo único que ha hecho es dejar al aire un modelo de negocio que sólo funcionaba para unas pocas compañías.

¿Cómo es posible que durante el pasado año y cuando se registraban récords casi diarios en el número de usuarios del transporte aéreo, sobrasen los dedos de una mano para contar las aerolíneas que realmente estaban generando beneficios significativos?.

Muy pocas se preocuparon de mejorar el servicio para atraer a más pasajeros, y la mayoría pensó que la mejor estrategia para ganar clientes era simple y llanamente eliminar a la competencia.

Ahora todas las compañías ponen los ojos en el futuro, afirmando que en un par de años todo pasará, pero la cuestión es saber cómo piensan aguantar en el sector hasta que las cosas vuelvan a ser como eran, si es que eso realmente llega a ocurrir.

Y aquí nos encontramos con el Quid de la cuestión, porque la solución no radica como pide IATA en inyectar capital en compañías aéreas que ya tenían graves problemas previos a la pandemia, y los van a seguir teniendo igualmente cuando esta cese.

Aviones en aeropuerto

Si no puedes llegar a fin de mes, o a pagar las nóminas de tus empleados, o las deudas con tus acreedores, lo lógico, normal y más razonable es que te declares en quiebra, aproveches la ocasión para analizar qué fue lo que falló y presentes un plan de viabilidad asegurando que no vas a volver a meter la pata, antes de amarrarte a las ubres del Estado para vivir del dinero público per saecula saeculorum.

No queremos billetes a 5 euros, queremos aerolíneas serias y competentes, que no nos vendan vuelos que saben que no van a llegar a operar nunca, que no se queden con nuestro dinero cuando no nos pueden proporcionar el servicio contratado, que no nos puteen 35 minutos en el mostrador de facturación porque nuestro equipaje excede 500 gramos del peso máximo permitido, que no nos obliguen a interponer una reclamación judicial para poder cobrar una indemnización de 300 euros, o a hablar con una máquina por teléfono cuando no les interesa dar la cara.

Lo dicho, salvo honrosas excepciones, que también las hay, las compañías aéreas nunca han tenido la más mínima piedad para con sus pasajeros cuando las cosas se torcían, y siempre acababa apareciendo aquella frase que decía: “lo siento, pero son nuestras normas…”.

Ahora son ellas las que piden piedad a los mismos a los cuales se la negaron, sin el menor atisbo de sonrojo.

El mundo ha cambiado a consecuencia del virus, y con el la forma de viajar en avión, y básicamente de viajar en general.

Negarse a aceptar y asumir estos cambios no es más que la pataleta de aquellos que una vez lo tuvieron todo y ahora lo han perdido casi todo, y principalmente la pereza de tener que volver a empezar desde cero, algo que estamos haciendo ya unos cuantos.

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