Norwegian, en situación de emergencia

Cada vez que sacamos un artículo aludiendo a la grave crisis por la que está atravesando la aerolínea Norwegian, recibimos inmediatamente una oleada de “atentos” mensajes de algunos empleados de la misma, normalmente acordándose del estado de salud de nuestros familiares más próximos.

Sin embargo, al mismo tiempo también suelen contactar con nosotros otros trabajadores que nos confiesan su inquietud por el devenir de acontecimientos recientes, que están sembrando una preocupación más que justificada en relación al futuro de la compañía.

Debemos decir que a Turama esta situación ni le hace gracia, ni le beneficia de ninguna manera, más bien al contrario. Son muchos nuestros seguidores y amigos que deciden volar con Norwegian, por lo que sólo esperamos que todo salga lo mejor posible y nadie se vea afectado en ningún tipo de conflicto.

Pero lo que es cierto es que como profesionales del sector turístico y también del aéreo, conocemos suficientemente bien el terreno como para poder mantener informados a nuestros seguidores de las novedades que se van produciendo, ya que entendemos que tenemos una responsabilidad con la que debemos de cumplir.

No nos gusta cuando vemos colas de pasajeros o situaciones de caos en los aeropuertos, porque entre los perjudicados puede haber seguidores de Turama, clientes o amigos que han adquirido algún tipo de servicio a través de nuestra web y a los que debemos una atención especial.

Señales de alarma

La subida del precio del combustible es un factor clave que afecta a todas las aerolíneas por igual. Norwegian ha tenido que subir sus tarifas, igual que hizo Air Europa por la misma razón, en una decisión técnico comercial que muchas seguirán en breve.

Pero lo que para la mayoría no es más que un factor negativo que puede influir en sus resultados finales, para Norwegian se ha convertido en un obstáculo muy difícil de superar. Igual que para una persona sana una gripe sólo equivale a pasarse unos días en cama, para otra que ya padece patologías previas, contraer cualquier enfermedad a mayores, por banal que parezca, puede ser letal.

Recordemos que Norwegian lleva arrastrando pérdidas por un importe superior a los 30 millones de euros, y además tiene que afrontar un enorme pedido de aviones, que es necesario pagar y amortizar.

Ante esta complicada tesitura, la aerolínea noruega ha sacado la tijera y ha comenzado a cortar aquellas rutas en las que le resultaba más complicado obtener beneficios.

De esta manera, operaciones que apenas llevaba volando durante un par de meses, como por ejemplo la que cubre el trayecto entre Denver y París, han sido canceladas de un día para otro.

Aquellos pasajeros que ya habían comprado y pagado sus billetes se encuentran con que Norwegian les ofrece la devolución íntegra del importe abonado (faltaría más), o reubicarlos en otros vuelos de la compañía, solución esta que no ha satisfecho a nadie pues incluye volar hasta Los Angeles y tener que realizar una escala de muchas horas.

Pero no sólo se están produciendo recortes en las rutas hacia los EEUU, en Europa ya ha comenzado una retahíla de cancelaciones por el estilo, además de sus ya conocidos “wetlease” veraniegos.

No hace demasiado tiempo informábamos de las cancelaciones de varios vuelos operados desde Suecia y con destino a los EEUU, cuyos pasajeros se han quedado sin asiento de la noche a la mañana. A dichas medidas se suman las decisiones tomadas de anular temporalmente varias rutas con origen en Irlanda, Reino Unido y Escocia, que pasan de operarse todo el año a quedar pendientes de próximas reubicaciones estacionales.

Por supuesto, el “wetlease” salvaje practicado por la compañía, sobre todo durante el Verano, llevará a todos aquellos pasajeros que vuelen desde Barcelona hasta Oakland a embarcar en un avión de la aerolínea española Wamos.

Es decir, aquellos que compraron sus billetes con la esperanza de probar algunos de los novísimos Boeing 787 “Dreamliner” de Norwegian, acabarán volando en un 747 de Wamos con una edad media de 20 años.

Otros mucho menos afortunados, como los pasajeros de la ruta entre Los Angeles y París, entre otras tantas, serán reubicados en aparatos propiedad de la portuguesa HiFly, en concreto en aviones del modelo  Airbus A340.

Los que tengan la peor suerte de todas serán los que acaben metidos en aviones de aerolíneas chárter lituanas, como GetJet, que pasarán de volar en un flamante 787, a hacerlo en un 737 de 30 años de antigüedad.

Pero no sólo se toman este tipo de medidas en los recorridos de larga distancia, también se está haciendo lo propio en lo que se refiere al corto y medio recorrido.

En vuelos con origen en el Reino Unido y destino en España se ha reducido el número de asientos ofertados hasta en un tercio. A pesar de que responsables de la compañía han afirmado que la intención es centrarse en el largo recorrido, para lo que se pretende utilizar slots de vuelos internacionales poco rentables, lo cierto es que vemos cómo ambos empiezan a difuminarse lentamente.

Información contradictoria

A pesar de que hoy se publica en diversos medios que algunos gestores de fondos de inversión ya dan por muerta a Norwegian, nosotros creemos que esto no es así.

Es cierto que la situación real es mucho más grave de lo que se quiere dar a entender, y también es cierto que hay demasiados intereses económicos esperando una fusión de Norwegian con el grupo IAG, pero existe otra posibilidad de supervivencia.

En nuestra muy humilde manera de pensar, que comparten algunos otros profesionales del sector, Norwegian podría renunciar a su imagen de lowcost de largo recorrido, que es más que evidente que sólo conduce a la ruina, y comenzar a venderse como otra aerolínea tradicional más.

Para ello sólo tendría que subir sus tarifas hasta unos límites sostenibles en el tiempo, ya que actualmente dispone del resto de la infraestructura necesaria.

Con una flota de aviones moderna, junto con la que espera recibir, slots en los mejores aeropuertos y una red de operaciones que se extiende por todo el mundo, la salvación pasaría por cobrar “algo más” de lo que hacía hasta ahora.

Por supuesto, es probable que con esta medida perdiese a aquellos pasajeros que sólo se mueven a golpe de euro, pero también ganaría a otros tantos más preocupados por recibir una oferta interesante y atractiva.

Lo que está claro es que esta situación es insostenible. No se puede comprar un billete ni ir a trabajar todos los días pensando en si se va a cerrar la empresa, va a ser absorbida, o va a continuar operando con normalidad.

Tanto los clientes externos (pasajeros), como los clientes internos (empleados), necesitan de cierta estabilidad para poder continuar viajando y trabajando, respectivamente.

En definitiva, esto sería mucho más aceptable que ir a comprar billetes en una lowcost y comprobar que su precio no es competitivo, o pretender volar en un avión de última generación y acabar en una reliquia lituana.

La solución a este asunto no vamos a tardar mucho en verla, ya que la velocidad a la que se mueven los acontecimientos es vertiginosa, por lo que sólo queda esperar que la temporada de Verano transcurra de la manera más tranquila posible.

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