Novedad 2019: Safaris con unicornios y mucho brillibrilli

Pensamos que el año pasado habíamos tocado fondo, cuando en el mes de Agosto una turista inglesa presentó una queja a su mayorista y solicitó la devolución del importe que había abonado por sus vacaciones, ya que en el hotel donde se había alojado, de la localidad de Benidorm, “había muchos españoles”.

Quién nos iba a decir a nosotros que esto no era ni la punta del iceberg, y lo que estaba por llegar nos iba a poner los vellos como escarpias.

Más que indemnizar a esta mujer, que al fin y al cabo está en la media de inteligencia que corresponde a este tipo de personajes que nos suelen visitar, lo que tenía que haber hecho el mayorista era indemnizarnos al resto de españoles, por la santa paciencia que demostramos año tras año aguantando a gentuza de esta calaña.

Actualmente, ya es raro el avión que llega desde el Reino Unido y no tiene que hacer una parada intermedia para desalojar a algún pasajero completamente borracho y que está poniendo en peligro la seguridad del resto de ocupantes de la cabina.

Como tampoco se han puesto ningún tipo de medidas para frenar este tipo de incidencias, que más tarde o más temprano acabarán provocando un accidente fatal, la cosa ya ha ido a más, y el pasado Lunes eran 14 pasajeros los que tenían que ser detenidos a su llegada al aeropuerto de Palma, por negarse a cumplir las instrucciones recibidas por la tripulación de cabina del avión en el que volaban y molestar al resto de usuarios.

Antes de que te eches las manos a la cabeza, sólo apuntar que este no es, ni de lejos, nuestro récord en lo que se refiere a pasajeros borrachos que llegan a nuestro país liándola parda. De momento, el primer puesto lo sigue ocupando el avión de Ryanair que aterrizaba en Ibiza en Agosto del año 2013, y en el que tuvieron que ser detenidas 30 personas totalmente borrachas, después de que comenzaran a saltar entre los asientos, insultar al resto de pasajeros y amenazar a los tripulantes de cabina.

Al final, este tipo de comportamientos y actitudes, acaban teniendo consecuencias muy graves, y desgraciadamente los primeros que tienen que pagar el pato son los propios animales que nos rodean y sufren.

Esto ocurrió en Mojácar hace dos años, cuando una cría de delfín llegaba a la playa. En vez de ayudarla para que volviese al mar, los bañistas comenzaron a pasársela de mano en mano para hacerse la foto, hasta que acababa muriendo.

Estúpidos sin fronteras

Como todo sigue su curso natural, después de los daños materiales llegan los daños a los animales, y tras estos, los daños a las personas.

En los últimos meses hemos visto como el turismo estúpido empezaba a causar muertes innecesarias y absurdas.

Hace pocos días, una trabajadora de la empresa de seguridad del aeropuerto de Palma de Mallorca, fallecía tras ser agredida por un turista alemán que acababa de aterrizar en la isla.

Nadie se imagina a un turista europeo discutiendo con los empleados de seguridad de un aeropuerto de los EEUU, porque es evidente que va a acabar con sus huesos en la cárcel y asumir una situación legal muy complicada.

En nuestro país no sólo da lo mismo, sino que además subvencionamos a este tipo de turismo.

De todas formas, la asociación de turistas Estúpidos sin Fronteras crece y se desarrolla en todas partes.

11 muertos en los últimos días en la cima del Everest, demuestran que es más importante poder hacerse la foto en el lugar más alto del planeta, que la vida del resto de alpinistas.

Cientos de turistas hacen interminables colas para poder documentar gráficamente su “hazaña”, mientras el resto tienen que esperar a más de 8.000 metros de altura, lo que al final se traduce en que no todos puedan aguantar las muy complicadas condiciones. La foto lo dice todo…

Por no hablar del asunto que hemos tratado sobradamente en Turama, relativo a los fallecidos en el último accidente aéreo de Rusia, al no poder abandonar el avión porque varios pasajeros se dedicaron a taponar las vías de escape mientras recogían su equipaje de mano.

Frikis o turistas

A principios de mes nos enterábamos de la sentencia que obligaba al cierre de una granja de gallinas en Asturias, denunciada por los propietarios de un alojamiento rural, ya que sus clientes se quejaban del ruido que hacían los animales por la mañana.

Estos viajeros, que presumen de retirarse del mundanal ruido y de colaborar en un tipo de turismo más ecológico y sostenible, resulta que no sabían que en el campo hay gallinas y gallos, y que estos suelen tener la costumbre de hacer su particular saludo al sol todas las mañanas.

Y si nos pasamos al otro extremo, ahora resulta que encontramos en Suecia y algún otro país nórdico (no tardarán en llegar a España), a los creadores del movimiento “anti aviación”, que utilizaron a la joven adolescente Greta Thunberg, que ha impresionado a todo el mundo con sus discursos alertando sobre el cambio climático y sus consecuencias, como diana de todas sus iras y frustraciones.

Para esta gente, la huella de CO2 que dejan los aviones mientras vuelan, es lo que está acabando con el planeta, por lo que han apostado por volver al tren y al barco para desplazarse. Mientras que el resto del mundo aplaudía a Greta por su madurez e implicación en un asunto tan serio, los “anti aviación” la critican con especial dureza porque para dar sus charlas se desplaza en avión…

Pero la industria turística no es ajena a toda esta multitud de frikis que nos están invadiendo. De hecho, muchos ya han apostado por ellos y se han creado cruceros específicos para terraplanistas (mantienen que la Tierra es plana), o para “cazadores de ovnis”, que pretenden aglutinar a este segmento de gente cada vez más numerosa.

Pero lo último de lo último fue la amarga queja de una conocida agencia de viajes africana, dedicada al sector de los safaris.

Para su sorpresa, recibían la reclamación de una familia de pasajeros que habían atendido pocas semanas antes, quejándose de que durante uno de los safaris realizados en vehículo, sus hijos habían tenido que presenciar “escenas de especial violencia”, protagonizadas mientras varios leones se dedicaban a hacer lo que se supone que deben de hacer: cazar.

Parece que a estos padres no les gustó nada que sus retoños descubriesen que en la selva africana los leones no van de la mano de las cebras, cantando divertidas canciones, sino que más bien se las comen, cuando pueden hacerlo.

Así que nosotros hemos decidido también apuntarnos el tanto y estamos estudiando la organización de un safari en el centro de Africa, en el que nuestros clientes podrán ver simpáticos unicornios y muchos caniches pintados de divertidos colores, para regocijo de todas las familias.

Además, por las noches también aprovecharemos para cazar ovnis y disertaremos bajo un fuego de campamento sobre la Tierra y su evidente forma plana.

Todavía no sabemos cómo trasladaremos a todos nuestros clientes al centro del continente africano en barco, para no molestar a los colectivos “anti aviación”, pero seguro que encontraremos la forma de hacerlo en breve.

Miles de palos selfies para todo el mundo, millones de instantáneas y vídeos para Instagram, y brillibrilli por doquier.

Podéis reiros, pero esta idea la vamos a ver muy pronto hecha realidad, y si no, al tiempo…

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