¿Por qué no se toma la temperatura a los pasajeros en el aeropuerto de Madrid?

El pasado 15 de Mayo se publicaba en el BOE una orden por la cual se obliga a tomar la temperatura corporal a todos los pasajeros que accedan a España desde el extranjero, a través de cualquier aeropuerto del país y durante un período mínimo de vigencia de un mes.

La pregunta que nos hacemos no es relativa a la situación de los pasajeros que aterrizan dentro de nuestras fronteras, sino de aquellos que despegan desde cualquier aeropuerto peninsular que se encuentre en activo.

Ayer mismo saltaba la noticia que informaba sobre la llegada a Lanzarote de un viajero que había dado positivo en un test de coronavirus, proveniente de Madrid y a bordo de un avión perteneciente a la flota de la aerolínea Iberia Express.

Durante el día de hoy se conocerán también los resultados de las pruebas realizadas a otro pasajero del mismo vuelo, el cual aterrizaba en la isla canaria con una temperatura corporal superior a los 38 grados centígrados, razón por la cual se decidió su traslado a un centro hospitalario.

Además, todos aquellos que viajaban en cabina en filas cercanas al pasajero identificado, también tendrán que someterse a las mismas pruebas.

Desde Turama informamos sobre 14 pasajeros de un vuelo de repatriación entre Madrid y Santo Domingo, que también daban un resultado positivo a los tests realizados a su llegada a la República Dominicana, tal y como informó el diario nacional Noticias Sin, citando fuentes oficiales del Departamento de Relaciones Públicas de las Fuerzas Armadas del país caribeño.

Ante esto, cabe pensar si las medidas que se están tomando para garantizar la salud de los usuarios del transporte aéreo son suficientes y realmente efectivas.

En primer lugar, lo que más nos sorprende es que se haya esperado hasta el día 15 de Mayo para implementar la medida relativa al control de temperatura de todos aquellos que lleguen a nuestro país por vía aérea.

Recordemos que mientras en Italia ya se habían registrado múltiples casos de coronavirus previos a la cuarentena, en los aeropuertos principales del país transalpino se había decidido controlar la temperatura de todos los ciudadanos que desembarcaban de vuelos provenientes del extranjero.

Sin embargo, estos mismos pasajeros no eran sometidos a ningún tipo de prueba cuando realizaban el trayecto de regreso a España.

Lo cierto es que este tipo de controles tienen una intención más coercitiva que efectiva, ya que el verdadero peligro se encuentra en aquellas personas infectadas pero que no desarrollan ningún tipo de síntoma asociado con la enfermedad, es decir, su temperatura corporal es absolutamente normal y no tendrían mayor problema para pasar estas pruebas con éxito.

El hecho de saber que habrá que someterse a una toma de temperatura en el aeropuerto, sólo podría disuadir de sus intenciones de volar a aquellos que son conocedores de su situación física, son conscientes de que tienen fiebre y que por esa razón no se les permitirá el acceso al avión.

Por otro lado, tendríamos que dar por sentado que en este último caso el pasajero afectado no decidiese tomar un antitérmico, lo cual desvirtuaría completamente el sentido de la prueba.

Pero como todos sabemos, el mero hecho de presentar una temperatura corporal elevada o de tener tos, pueden ser síntomas de múltiples afecciones que no tienen absolutamente nada que ver con el nuevo tipo de coronavirus.

Muchos se preguntarán si a la vista de esto deberían realizarse los controles de temperatura, o por contra se trata de una herramienta inútil que carece de sentido práctico.

Tal y como hemos repetido en múltiples ocasiones desde Turama, el mero hecho de medir la temperatura corporal a un pasajero nunca va a ser suficiente.

Tampoco lo es la presentación de un certificado médico que acredite que esa persona ha arrojado un resultado negativo al test de detección del virus, salvo que se pudiese demostrar que tras la realización del mismo ha permanecido totalmente aislada. De todas formas, ni siquiera en este último caso se podría garantizar al 100% que no está infectada, ya que siempre va a haber un viaje previo hacia el aeropuerto, en el que se va a tener contacto con otras personas en un taxi, en el metro, en el autobús…

Incluso desde el propio ejecutivo se aseguraba hasta hace pocas semanas que el portar una mascarilla sanitaria no era recomendable para la ciudadanía, ya que podría generar una falsa sensación de protección, criterio que posteriormente fue rectificado.

Y las dudas se multiplican cuando hablamos del distanciamiento social, el cual se exige en terrazas al aire libre, comercios, o incluso en teatros y cines, pero no dentro de la cabina de un avión.

Sin embargo, deberíamos de pensar que si antes de viajar en avión se realiza un test cuyo resultado es negativo, el pasajero tiene que pasar a mayores un control de temperatura a su llegada al aeropuerto de origen, y otro al de destino, ha portado una mascarilla de protección durante todo el trayecto, y además ha mantenido una distancia social de seguridad, las posibilidades de contagio son realmente bajas.

No se trata de adoptar una sola medida, sino de implementar una cadena de tests y pruebas que al realizarse de manera consecutiva puedan ir disminuyendo progresivamente el factor de error de cada una de ellas.

Básicamente, la situación podría compararse con alguien que está intentando golpear un trozo de porexpan. Si delante sólo tiene una única plancha, lo más probable es que la atraviese con el primer puñetazo, algo que seguramente también ocurrirá en el caso de que existiesen dos o tres planchas.

Sin embargo, si seguimos aumentando el número de planchas, cuando se vaya a intentar asestar el golpe los daños acabarán por producirse en los huesos de la mano, ya que será imposible llegar a atravesarlas.

Seguimos apostando y defendiendo la implementación de un pasaporte sanitario para todos aquellos que deseen viajar, la realización obligatoria de tests previos al vuelo, los controles de temperatura en el aeropuerto de origen y el de destino, la utilización de guantes y mascarillas, y el distanciamiento social preventivo.

Ninguna de estas medidas por si solas son una garantía de nada, pero todas ellas aplicadas en conjunto permitirán viajar en avión con la máxima tranquilidad.

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