Portugal al borde del desastre aéreo

Lo ocurrido el día de ayer sobre el espacio aéreo portugués, es una de esas historias que alimentan la imaginación de los guionistas de Hollywood. Después de analizar los hechos, estamos en disposición de decir que Portugal rozó lo que podría haber sido una auténtica tragedia, de dimensiones difícilmente predecibles.

A pesar de que a día de hoy este asunto se está llevando con la discreción necesaria, dadas las características del mismo, sabemos que el avión implicado, un Embraer ERJ-190, de matrícula P4-KCJ y perteneciente a la flota de la compañía aérea Air Astana, se encontraba en Lisboa realizando labores de mantenimiento.

Air Astana es una aerolínea de Kazajistán, que cuenta con 33 aeronaves, de las cuales 9 corresponden a este modelo específico.

Fundada en el año 2001, comenzó sus operaciones el 15 de Mayo del 2002, convirtiéndose en la compañía bandera de su país.

La propiedad de esta aerolínea es compartida por el Fondo de Riqueza Nacional de Kazajistán, en un 51%, y la empresa británica BAE Systems, en un 49%.

Su base principal se encuentra en el aeropuerto internacional de Almaty, desde el que opera vuelos domésticos e internacionales al resto de Europa, Asia Central y Oriente Medio. A principios del próximo año espera lanzar una subsidiaria de bajo coste, con el nombre de FlyAristan, utilizando exclusivamente aparatos de la familia A320.

El avión despegaba a las 13:34 UTC, después de realizar los trabajos previstos (C-Check) en las instalaciones de la empresa portuguesa OGMA, y regresaba a su país en un vuelo en que sólo figuraban los dos pilotos y cuatro mecánicos.

Poco después de su salida, declaraba emergencia (MAYDAY) a los controladores del aeropuerto de la capital lusa. Al parecer, se había perdido el control sobre la aeronave, la cual se encontraba ingobernable.

En este momento, desconocemos cuáles fueron los sistemas que fallaron, y si esta avería masiva está relacionada de alguna manera con los trabajos realizados en Portugal, o se debió a otras circunstancias, ya que incluso en un principio se hablaba de interferencias eléctricas causadas por una tormenta.

En todo caso, lo que es cierto es que dentro de la cabina tuvo que vivirse un auténtico infierno, y prueba de ello son los gráficos correspondientes a la trayectoria seguida por el avión, vagando en círculos por el espacio aéreo portugués, así como a los parámetros registrados de velocidad y altura.

En el tramo horario que discurre desde las 13:40 hasta las 15:00 horas, el avión sufrió constantes pérdidas y ganancias de altura, subiendo y bajando constantemente de los 10.000 pies, y sin poder estabilizar su trayectoria.

Así mismo, la velocidad también fluctuaba de la misma manera, haciendo imposible la labor de pilotaje del aparato.

Ante la enorme gravedad de los hechos, y viendo que un avión totalmente descontrolado podría llegar a caer en cualquier momento sobre un área habitada del país, lo que hubiese ocasionado una situación de extrema gravedad, los propios pilotos propusieron la posibilidad de intentar un amerizaje en las aguas de la represa de Beja, una localidad situada a 180 km de la capital portuguesa.

Considerando que esta opción también supondría un enorme riesgo, dado que las posibilidades de controlar el avión eran casi nulas, incluso se barajó la idea de realizar la maniobra sobre las aguas del Atlántico.

Finalmente, las autoridades portuguesas decidieron el envío de dos cazas de combate F-16, pertenecientes a la fuera aérea lusa, con el fin de analizar la situación y estudiar las medidas a tomar.

A las 14:45, los pilotos de Air Astana tomaron la durísima decisión de llevar su avión al Océano Atlántico, y jugárselo todo a una carta. En ese momento, parecía que esa era  la única opción viable que podría minimizar las posibles consecuencias de una caída en los alrededores de Lisboa.

Precisamente, cuando más daba la impresión de que todo estaba perdido, de nuevo el piloto comunicaba que había logrado recuperar parcialmente el control del avión, y estaba en disposición de intentar un aterrizaje de manera manual y bajo las reglas de vuelo visual, esto es, sin la ayuda de instrumentos.

Dado que se encontraba en la proximidad de la localidad antes mencionada de Beja, se propuso realizar la maniobra de toma en el aeropuerto allí existente, el cual tiene muy poco tráfico comercial.

Después de dos intentos fallidos, en los cuales el piloto aprovechó para saber hasta qué punto podía controlar su propio avión, a las 15:05 UTC lograba tomar tierra en Beja.

Este asunto mantuvo en vilo el día de ayer a todo el país. Un avión sin control, vagando por el espacio aéreo de Portugal y en las cercanías de la capital lisboeta, parecía predecir que estábamos en la antesala de lo que podría llegar a convertirse en un accidente aéreo de extrema gravedad.

De hecho, en este momento el comentario general es qué hubiese pasado si el avión no hubiese podido completar la distancia hasta el mar, y qué acciones habrían tomado en esa circunstancia los dos pilotos militares que lo escoltaban.

Aunque al final todo se quedó en un enorme susto, estos hechos se suman a la larga retahíla de incidentes que llevamos vividos durante el transcurso de este año, que llaman poderosamente la atención, sobre todo después de un 2017 sin víctimas mortales derivadas de un siniestro provocado por un jet comercial.

El avión involucrado en estos hechos apenas tiene 5 años de vida operativa, por lo que todavía puede considerarse un aparato relativamente nuevo. Además, se trata de un modelo muy utilizado en toda Europa y que tiene una excelente reputación dentro del sector, por lo que un buen número de aerolíneas se encuentran pendientes de los resultados de la investigación que se está llevando a cabo, para conocer si se trata de un hecho puntual, o viene derivado de algún otro tipo de circunstancia.

Suerte, esa es la palabra que podría definir lo ocurrido, y lo que realmente evitó que hoy no estuviésemos relatando unos acontecimientos enormemente más graves.

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