¿Qué pasó realmente en el aeropuerto de Málaga entre dos aviones de Ryanair?

Algunos medios de comunicación deberían de volver a repasar el significado de palabras como Accidente e Incidente, ya que mal utilizadas generan una imagen bastante distorsionada de lo ocurrido en realidad.

Diferenciar ambas es bastante sencillo, ya que mientras en la definición de la primera se tienen que registrar daños materiales y/o personales, en la segunda no existen ni los unos ni los otros.

Si queremos rizar un poco más el rizo, los anglosajones suelen hacer uso de la expresión «near miss» cuando quieren hacer referencia a lo que equivaldría a un cuasi accidente, el popularmente conocido en español como «por los pelos».

¿Por qué es especialmente importante cuidar las palabras cuando hablamos de sucesos que involucran a una compañía aérea? pues básicamente para evitar titulares como este:

Obviamente, cuando alguien escribe este tipo de cosas busca no sólo llamar la atención del lector para que haga click en la noticia, sino también embadurnar la reputación de todos los involucrados en los hechos, dibujando un escenario milagroso en el que prácticamente 400 personas estuvieron muy cerca de perder la vida.

Además, no sólo se daña la imagen de diversos profesionales, sino también la de un destino en concreto al provocar finalmente comentarios como este:

En este caso en particular, la ficción ideada por algunos sí supera con creces la realidad de lo ocurrido, tal y como vamos a explicar a continuación.

El pasado 11 de Septiembre de 2019 en el aeropuerto de Málaga, se encontraban los aviones con matrículas EI-ENH y EI-DYR, ambos modelos Boeing 737-8AS pertenecientes a la flota de la aerolínea irlandesa Ryanair.

El primero se disponía a despegar para dirigirse a la ciudad de Liverpool, mientras que el segundo llegaba a Málaga desde Hamburgo.

En ese momento se estaba utilizando la configuración preferente de pista única, que implica concentrar todos los despegues y aterrizajes en la cabecera 13.

Aproximadamente a las 19:50 hora UTC, se instruyó al primer avión para realizar el despegue inmediato por la pista 13, mientras se comunicaba al segundo que continuase con su aproximación y esperase una autorización tardía de aterrizaje.

En ese momento, el 737 matrícula EI-DYR se encontraba a aproximadamente 7,5 km del umbral de la pista 13, ajustando su velocidad a 160 nudos, tal y como se le había ordenado desde la sala de control.

A las 19:54 hora UTC, se autorizó el aterrizaje de este avión, encontrándose a 640 metros del umbral de pista y a una altura de 200 pies AMSL, advirtiendo a su tripulación de la presencia del otro Boeing sobre la misma, el cual ya había iniciado la carrera de despegue y rodaba a una velocidad de 90 nudos.

Mientras que uno iba incrementando su velocidad con el fin de iniciar la maniobra de despegue, el otro la reducía para completar el aterrizaje.

Sin embargo, justo en el momento en el que el primero comenzaba la rotación, separando los neumáticos del suelo para irse al aire y a una velocidad de 157 nudos, el segundo tocaba la pista con los suyos a una distancia por detrás de 520 metros y velocidad de 141 nudos.

Es decir, la mínima distancia registrada entre ambas aeronaves superaba el medio kilómetro de separación, con una ya en el aire a velocidad de despegue y la otra decelerando sus motores tras tomar tierra.

En estas circunstancias, en ningún momento se podría haber producido una colisión entre ambos aviones, teniendo además en cuenta que estaban siendo monitorizados desde la sala de control, que en todo caso habría ordenado frustrar las dos maniobras ante una situación de riesgo.

Entonces, ¿por qué se ha calificado lo ocurrido como «Incidente por falta de separación»?.

En el capítulo 6 del manual operativo correspondiente al aeropuerto de Málaga, se especifica que no se debe autorizar el aterrizaje de una aeronave hasta que la precedente en maniobra de despegue haya atravesado el umbral de pista contraria, esto es, haya recorrido toda la longitud de la pista.

Aeropuerto de Málaga

Debido a que esta norma no se cumplió el día de los hechos, se procedió a la apertura de la investigación correspondiente para averiguar las causas de lo ocurrido.

No hace falta ser ingeniero aeronáutico para darse cuenta de que dos aviones separados por más de medio kilómetro de distancia, uno volando a 157 nudos y aumentando su velocidad a cada segundo, y el otro a 141 nudos y decelerando motores tras tocar suelo, no pueden llegar a tocarse en ningún momento.

Por este motivo, afirmar que «dos aviones de Ryanair estuvieron a punto de estrellarse en Málaga», nos parece una absoluta tergiversación muy maliciosa de lo sucedido, que queremos entender tiene que obedecer a la más absoluta ignorancia en lo que se refiere a este tipo de operaciones.

De hecho, y a pesar de especificarse en la cabecera del titular que se trata de un incidente «que se conoce ahora», el informe final elaborado por la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil, CIAIAC, está cerrado desde el pasado mes de Noviembre.

Si ha salido ahora a la luz, es simplemente porque un medio de comunicación irlandés decidió comentarlo hace una semana, y menos de 24 horas después fueron varios los diarios españoles que se hacían eco de la noticia, añadiendo sus propios «elementos dramáticos» para poder venderla.

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