Singapore Airlines sufre los problemas del primer mundo

Advertencia: Los comentarios que vas a leer en el siguiente post son especialmente duros y podrían llegar a herir tu sensibilidad.

La crisis actual ha llevado a muchas personas a perder sus empleos, encontrándose prácticamente de la noche a la mañana en una situación muy complicada.

Pero eso no es nada si lo comparamos con el “drama” vivido a bordo de un avión de Singapore Airlines el pasado 20 de Junio, narrado en primera persona por su protagonista a través de un comentario colgado en la fan page de la aerolínea.

Puedes leer el comentario original en el siguiente LINK.

El “afectado” es miembro destacado del club de fidelización de Singapore Airlines, con el estatus más alto que otorga la compañía, y en la fecha indicaba volaba desde Singapur hasta Amsterdam, después de haber adquirido un billete en primera clase por el que dice haber pagado la cantidad de 7.000 dólares.

Como es obvio, Singapore Airlines está tratando de adaptar su servicio a la situación actual, al igual que el resto de compañías aéreas, pero para este pasajero esto ha supuesto un importante problema durante el vuelo.

La queja comienza de la siguiente manera:

“El vuelo fue un robo a plena luz del día. Singapore debería estar avergonzada de cobrar tanto por un servicio de tan poco valor”.

Las razones que han llevado a este pasajero a trasladar su queja ante la aerolínea, las manifiesta de esta manera:

“No había champagne en la cabina de primera clase. ¿Cómo se puede diferenciar entonces mi cabina de la de clase Economy?. Había vino tinto, vino blanco y cerveza Tiger, que supongo es lo mismo que se ofrecía en la clase Economy. ¿No deberían de diferenciar Primera Clase del resto por lo menos con una botella de champagne?”.

Pero el drama no acaba aquí. Con el fin de minimizar el contacto de la tripulación con los pasajeros, se ha decidido eliminar el servicio de bebidas que se hacía antes de la primera comida, una decisión que ha dejado huella en el corazón del afectado:

“…ahora no hay bebidas antes de la comida, lo cual entiendo se debe a evitar el contacto con los pasajeros, pero entonces ¿por qué cobrar lo mismo que antes?. Si no puede haber ni una concesión para la Primera Clase, sí debería de haber una reducción en el precio del billete. La tripulación ni siquiera me ofreció una bebida extra, tuve que pedirla yo mismo…”

Cuando pensaba que nada podía ir a peor…

“…no me gusta sentirme como si fuera un cliente potencialmente infeccioso. Si la tripulación tiene tanto miedo a la hora de servir, deberían reanudar sus operaciones sólo cuando exista una vacuna…”.

Y la pesadilla a bordo continua…

“…no se me ofreció ni té ni café después de la comida, ¿cómo se pueden cobrar 7.000 dólares por el billete?…”.

Volvemos al champagne…

“un vuelo en primera clase debería de tener como mínimo un servicio de bebidas, y aquí es en donde el champagne marca la diferencia con la clase Economy, además de otra bebida después de la cena”.

Tampoco había champagne en el lounge del aeropuerto…

“tampoco había champagne en el business lounge, lo cual es ridículo”.

Pero los males seguían acumulándose, y acumulándose, y acumulándose…

“no me voy a quejar porque el servicio de entretenimiento a bordo era el del mes de Marzo, y tampoco se ofrecían toallas, entiendo que la compañía está comenzando a operar de nuevo, pero esto no es excusa para el resto de puntos que he detallado anteriormente”.

Tal y como se podía prever, lo que mal empieza mal acaba, y la tragedia final no tardó en desencadenarse con toda su crudeza…

“…y lo peor de todo, no recibí la despedida especial por parte del jefe de cabina…¿qué ha pasado con las normas básicas de educación para los pasajeros de Primera clase?…”

Después de analizar la situación por la que tuvo que pasar este pasajero, suponemos que con la ayuda de su psiconalista personal, él mismo llegó a la conclusión de que el precio de su billete debería de haber sido un 30% más barato que la tarifa que tuvo que abonar.

“Finalmente, creo que a consecuencia de todo esto Singapore Airlines tendría que haber reducido su tarifa en un 30%”.

Analizando el drama

Obviamente, todo esto ha surgido porque esta persona quiere que Singapore Airlines le devuelva el 30% de su billete, o lo que es lo mismo, que le indemnice por haber atravesado semejante trance con la cantidad de 1.800 dólares.

Al final, analizando en conjunto la queja presentada ante la compañía, lo único que podemos observar es que esta persona valora de una manera excepcional el que se le ofrezca una botella de champagne, así como que al finalizar el vuelo el jefe de cabina se despida personalmente de él.

El resto de comentarios que aporta no parecen tener en cuenta la situación actual en la que nos encontramos, ni respetar en lo más mínimo las normas elementales de seguridad y prevención frente a la Covid19 que han establecido la mayor parte de compañías aéreas en todo el mundo.

Es evidente que hay algunas aerolíneas, entre las que se encuentra Singapore Airlines, que se han diferenciado de la competencia gracias al exquisito trato que dispensan a sus pasajeros, incluso cuando vuelas en la clase Economy.

Obviamente, los pasajeros de Primera clase son mimados hasta límites insospechados con una atención que dura desde el despegue hasta el aterrizaje, algo que en estos momentos no se puede seguir haciendo por razones sanitarias que cualquiera podría comprender.

Efectivamente, actualmente todos somos considerados posibles focos de contagio, y esta es la manera de intentar evitar los mismos si tienes que viajar en avión. No se trata ni de un insulto ni de un menosprecio hacia el cliente, sino más bien de la única forma que tenemos para protegernos.

Como decimos en el título de este post, estamos hablando de los problemas del primer mundo.

Mientras millones de personas siguen perdiendo sus puestos de trabajo, principalmente en los sectores turístico y aéreo, otros se rasgan las vestiduras porque no han recibido champagne a bordo, las películas del servicio de entretenimiento eran las mismas del mes de Marzo, y al salir del avión nadie se despidió de él.

Quizás, y decimos sólo quizás, antes de haber pagado 7.000 dólares por su billete de avión y sabiendo que en estos momentos la situación global no invita precisamente al optimismo, lo que tendría que haber hecho esta persona es informarse debidamente con la aerolínea y de esta manera saber de primera mano en qué sentido el servicio a bordo se vería afectado durante su vuelo.

Es probable que este pasajero ya haya quedado traumatizado para siempre, o quizás sólo hasta el día que reciba el cheque de Singapore Airlines, y suponemos que mientras tanto tendrá que gastar ingentes cantidades de dinero en psicoanalistas, pero por nuestra parte le deseamos una pronta y total recuperación.

Y a esto le llamarán la nueva normalidad…

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