Cómo ganar (mucho) dinero con los retrasos aéreos

Si no fuera porque quedaría un título excesivamente largo para el post, para ser sinceros tendríamos que añadir al de este la frase “…y acabar en la cárcel”, ya que eso fue exactamente lo que le pasó a una ciudadana china detenida el pasado Viernes.

Esta incidencia está relacionada con la proliferación de seguros que garantizan el abono de una cantidad fija a sus clientes, en el caso de que la salida de su avión se retrase más de una hora.

Recordemos que la legislación vigente obliga a las compañías aéreas a indemnizar a sus pasajeros si estos sufren retrasos superiores a las 3 horas, en cantidades que varían dependiendo de la longitud de la ruta operada.

En los trayectos que no superen los 1.500 km la cantidad a percibir serían 250 euros. En este tipo de vuelos, el deber de indemnizar al cliente comienza en el caso de producirse un retraso de más de dos horas.

Si la distancia entre el aeropuerto de origen y el de destino se encuentra entre los 1.501 y los 3.500 km, la cifra a abonar a los afectados subiría hasta los 400 euros.

Si se trata de vuelos que superen los 3.500 km de distancia, la aerolínea tendría que abonar a los pasajeros afectados por el retraso un total de 600 euros.

Sin embargo, este tipo de seguros privados entran en funcionamiento a partir de una sola hora de retraso en la salida del vuelo.

Por contra, el asegurado no percibiría las cantidades antes citadas, sino que cobraría una cifra fija que normalmente se sitúa alrededor de los 50 euros.

El lado positivo es que las primas para contratar estos seguros son muy bajas, y que el ingreso se realiza al cliente de forma directa e instantánea en su cuenta y sin tener que formalizar ningún trámite con la aerolínea.

¿Cómo funciona?

Lo que solicitan estas compañías de seguros a sus clientes es que renuncien a percibir las indemnizaciones por retrasos que les pudiesen corresponder, y otorguen la potestad para cobrar las mismas a las aseguradoras.

De esta manera, estas empresas se encargarán de ir cobrando las compensaciones por retraso de todos sus asegurados a las compañías aéreas, y abonarán a los mismos cantidades inferiores a las que les corresponderían por ley.

En teoría, este tipo de seguros están pensados para pasajeros frecuentes, con un alto volumen de vuelos cada mes. En vez de cobrar una indemnización cada vez que su avión se retrase más de 3 horas, cobrará otra inferior cada vez que salga con una sola hora de retraso del aeropuerto.

Al final, se trata de hacer un simple cálculo estadístico: si mensualmente tengo más vuelos con retrasos superiores a las 3 horas, este tipo de seguro no resultaría rentable.

Sin embargo, si la mayoría de los aviones que tengo que tomar sufren retrasos superiores a la hora, pero inferiores a las 3 horas, contratar estas pólizas quizás sea una buena idea.

La trampa

Lo que pasa en este tipo de asuntos es que el uso, al final, se acaba convirtiendo en un abuso.

La persona detenida la semana pasada a la que hacíamos referencia al comienzo de este post, se las arregló para ganar 423.000 dólares entre los años 2015 y 2019.

Lo que hizo fue reservar más de 900 vuelos en distintas aerolíneas, escogiendo prudentemente las rutas más susceptibles de sufrir retrasos.

Evidentemente, ella no voló en ninguno de ellos, porque al parecer en los condicionados de estas pólizas no se estaba especificando que era necesario hacer uso de los billetes. Parece que ahora esta condición sí se ha añadido al resto de cláusulas.

Para no levantar demasiadas sospechas, los billetes no sólo estaban a su nombre, sino también al de algunos familiares y también determinados amigos, que por supuesto desconocían lo que estaba ocurriendo.

En todos los casos, ella era la única beneficiara a la hora de cobrar los retrasos.

Después de muchos meses dedicada única y exclusivamente a esta labor, la ahora denunciada había adquirido una especial destreza para poder determinar qué vuelos sufrirían el mayor número de retrasos, con qué compañías aéreas, desde qué aeropuertos, y en qué épocas del año.

Lamentablemente para ella, obvió el detalle de que hoy en día existen departamentos en todas las policías del mundo que se dedican al estudio de las transacciones que se hacen online, o a través de distintas aplicaciones, como es el caso.

Los investigadores acabaron localizando a esta persona, a la que ahora se le acusa de un presunto delito de estafa.

Y decimos “presunto” porque si efectivamente en los condicionados de las pólizas que utilizó no se especificaba de manera expresa que el asegurado tenía que volar, suponemos que utilizará esto para defenderse en juicio.

Es evidente que existe una intención de enriquecerse de manera ilícita, utilizando lagunas legales bastante enfarragosas, por lo que también podemos entender la postura de la parte denunciante.

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